Por: Ahmel Echevarría

Encuentro con Michel Encinosa Fú

Eres escritor y trabajas en la Editorial Extramuros, eso te otorga un don, el de la ubicuidad. Estás en los dos bandos y eso me permite tomar otra de tus preguntas: Dime tu parecer sobre el mecanismo editorial que fusiona política y cultura a la hora de evaluar, editar y publicar un libro. ¿Cuál sería el status quo ideal en este asunto?

No existe un status quo ideal, nunca existió ni existirá. El ser humano implica ser social. La sociedad implica política. Quizás un status cercano al ideal sea el propuesto por Bellamy en El año 2000, no voy a describirlo aquí, busquen el libro. El mecanismo editorial incluye desde directivas de producción hasta decisiones políticas respecto a temáticas priorizadas y zonas muertas. Aun en los países más globalizados, donde el beneficio bancario está por encima de todo, y se creería que cualquiera puede publicar cualquier cosa, hay duras guerras. Censura hay en todos lados, rebeldía también. Es parte del Gran Juego del Arte, en su carácter dual de producto espiritual y comercial. En una editorial pueden hacerte una evaluación hipernegativa de tu libro, en otra, te lo pasan como bola por tronera hasta la imprenta. No romperse el coco con estos misterios, el monstruo es así. Hay que aprender a buscarle la entraña, a tocar puertas, a batallar. Niño que no llora, no mama. Indio que no hace flecha, no muerde bisonte. Trabajar en el campo editorial me ha ayudado a ver con más claridad el paisaje, pero no me ha ayudado a publicar, contrario a lo que muchos podrían creer. Mi propio padre lo creía. Tuve que sacarlo de su error. Dos horas de charla sobre el monstruo, no la voy a repetir aquí.

Para ti la literatura es algo así como una pistola caliente. No me he inventado lo de caliente, sino que literalmente lo leí en tu conversación. Mencionas que hay alguien con un dedito puesto en el gatillo y además lo oprime, y por si fuera poco me pones a alguien del otro lado del cañón. ¿La literatura es un arma? ¿Qué la convierte en algo tan polémico o peligroso?

Cuando le hice la pregunta a Arango, en aquella ocasión, tuve acaso un error de formulación, pero es que no quería hacer una pregunta de media cuartilla. Comparaba la literatura con un arma en el sentido de que cualquier cosa —un CD, un bolígrafo, un tractor, una bufanda— puede resultar un arma si se interpreta y se usa como tal. El pensamiento es una herramienta. La palabra es un recurso de comunicación, negociación, manipulación. Yo decía la literatura es un arma queriendo decir sabes que la literatura puede ser interpretada y usada como un arma. Un arma de expresión, de lucha, de amenaza, de control. Un buen libro siempre atacará algo esencial: las creencias de alguien, las certezas de alguien, las mentiras o verdades de alguien. Cuando digo atacará quiero decir se pronunciará en contra o a favor. No existe tal cosa como un texto imparcial, pues no hay individuos imparciales. Un libro, si es un buen libro, un libro honesto, nacido del espíritu, tratará de trasmitir los ideales de su autor, sus conceptos de la ética y la moral, de la lealtad y el afecto, y sus opuestos, aunque se mueva en los grises, aunque no sea retórico ni sentencioso. El ojo del autor está allí y elige su punto de vista, su ángulo de cámara, su juego de luces y sombras, su ritmo, su secuencia, sus prioridades. Nunca podremos ser imparciales. El verdadero arte tratará siempre, o al menos eso espero, de mantenerse lejos de la Política, entendida como el juego sucio de las superpotencias y las infrapotencias y las subpotencias, pero siempre nacerá en lo Político. Para nosotros como individuos siempre habrá algo esencialmente bueno y algo esencialmente malo, aunque usemos grises para crear un azar de imparcialidad. Y la literatura es cultura de masas y vivimos en la Edad de la Cultura de Masas. Predeterminada o no, trampeada o no, en todo caso difícilmente pura, la cultura de masas es nuestra educación, nuestra formación como individuos. Cuanto se produce en la cultura de masas es una especie de Verdad Esencial, un Modelo, una Aspiración, un Ideario. Talar árboles para construir una cabaña es un acto de violencia contra el bosque. No hay maldad, pero sí violencia. Así es el Arte. Las mismas relaciones humanas son, aunque sin maldad en los mejores casos, violencia y manipulación: proponer, imponer, encausar, guiar, provocar, obtener; la esencia humana. Y el Arte y la Literatura, como espejo, son certeros en este sentido. Los libros modifican vidas, y eso todo lector lo ha experimentado, no son piedras que lanzamos al estanque sin efecto. Y es a esto a lo que quiero en verdad referirme. Cuanto escribes provoca cambios, influencias. La frase menos esperada puede transformarse en una consigna, el cuento menos sospechado devenir manifiesto. Y si son tu frase, y tu cuento, no eres culpable pero sí responsable.

De todos modos, sigue escribiendo sin que eso te quite el sueño. Total, cuántos libros ajenos no te lo habrán quitado. Es así. Es el Gran Juego, como dije antes. Solo no caigas en la ingenuidad de creerte fuera del tablero.

Sigamos con la pistola y ojalá sepas disculparme por insistir en apuntarte a la sien con la literatura. Mencionaste el término literatura comprometida y la no comprometida. Saltemos las definiciones, porque lo que quiero saber es si para ti existe semejante compromiso y compromiso con qué.

Odio la literatura comprometida o la que se autodefine como tal, es la que suele prestar su lealtad a un fin que considera superior a sí misma.

Mi literatura soy yo mismo, una unidad completa. Si la vendo, me vendo. Soy comprometido, por decirlo así, con mis dudas y mis certezas, las mías propias. Al menos trato de serlo, de resultar sincero, desnudo. No admito otro compromiso. Ni siquiera cuando escribo cuentos por encargo o para concurso.

¿De qué hablamos cuando hablamos de literatura?

¡Vaya por dios si serás cabrón, tío! Qué sé yo. Tal vez de ese inmenso conjunto de imaginarios y experiencias que solo la palabra puede crear. ¡En qué líos me metes! Mira, pregúntale a algún obispo: ¿De qué hablamos cuando hablamos de Dios?, a ver a qué cielo te manda con una patada en el…

¿De qué hablamos cuando hablamos de ciencia ficción made in Cuba? Me gustaría saber cuál es tu top ten o tu top five de la sci-fi nacional.

La CF made in Cuba es un terreno sencillo. Están los jodedores que siguen haciendo cuentos del platillo volador en el platanal del guajiro. Están los que tratan de imaginar un futuro distinto al que nos educaron a creer, y cuál sería nuestro lugar —si lo hay— en ese futuro (muchas veces con humor, que para algo somos cubanos). Están los que eligen no trabarse en ese dilema y seguir esbozando teorías y propuestas sobre el papel de la humanidad en el Universo. Están, claro, los que escriben CF sin saber que la escriben, los que tratan de mantener una identidad nacional o, cuando menos, hispanoamericana, los que se cagan en eso y escriben como si fueran traducciones del inglés, los que se cagan en todo y hacen lo que les sale del tubo iónico… Vaya, hay variedad, pero se publica poco. A veces, cuesta trabajo que entren los libros en las editoriales, a veces cuesta trabajo encontrar libros que meter. Hay autores que tienen varios libros en lista de espera, y los que se pasan la vida gritando coño no me publican —cuando vas a ver qué tienen resulta que no llegan a las veinte cuartillas.

La CF es como cualquier otro género, obviamente, y el 95% de cualquier cosa es mierda. No te digo si me incluyo yo mismo o no en ese 95%, permíteme proteger mi ego.

Diría que hay limitación de temas, territorios, pero eso es falta de lectura, de actualización. La literatura es una bestia que se alimenta de sí misma y las posibilidades de actualización son tan nulas, casi siempre…

Mi Top List no es abundante. Miguel Collazo, Ángel Arango, F. Mond, Agustín de Rojas —¡Maestro! —, Yoss… Hay otros que vienen saliendo, no diré de ellos en público. Ya sabes, la entrevista es periodismo, el periodismo es cultura de masas, y la cultura de masas es Verdad Esencial. Esperemos, digo yo, a ver qué nos depara la próxima década.

Por el orden de tu conversación con Arango tocaría preguntarte quienes son para ti los autores contemporáneos más importantes y además pedirte que me hicieras una lista de los autores más importantes nacidos entre los 70 y los 80. Pero no, dejemos cerrada esa gaveta. Prefiero que me hables de los autores nacidos entre los 70 y los 80 y sus textos.

Ya eso me lo preguntaste por allá al principio, si bien de otro modo, y dije que no mencionaría nombres. Temo caer en muchas omisiones, pues me limitaría prácticamente a Ciudad de La Habana. Son los libros que conozco, y a veces porque el mismo autor me lo ha obsequiado. Con las tiradas actuales, algunos libros no duran mucho en librerías y no se puede estar siempre en todas las presentaciones. Respecto al resto del país, ando muy pero que muy fuera de onda.

Por cierto, ¿no has notado esa triste tendencia colectiva de responder este tipo de preguntas incluyendo algo al estilo de te puedo hablar de lo que he leído, casi todo comprimido entre Santiago de las Vegas, Guanabo, La Coronela y el Malecón? Tenemos una desconexión desesperante con nuestros pares fuera de la capital, una especie de horizonte de eventos insalvable.

En todo caso, por lo que veo por acá, sí puedo decir que tenemos altibajos, y una perniciosa vocación por el cuento. Las novelas de esta generación siguen sin nacer y son necesarias.

Mencioné que vives en el Barrio Chino. ¿De veras existe? ¿O es un relato de ficción?

Ay, tú quieres ponerme en mala onda con el Consejo Promotor de dicho barrio… El Barrio Chino son restaurantes y algunos turistas, creo que poco más. Se restaura poco a poco, aparecen espacios donde se intenta rescatar valores de la gran cultura milenaria…, pero no hay chinos. Sin inmigración, sin un fondo de población suficiente como para que se mantenga un estrato genéticamente identificable como chino, no hay chinos, y punto. Creo que aparte de mí, en todo el barrio, habrá menos de diez ciudadanos de mi generación que puedan clasificar, más o menos, como chinos vox populi. Es un estado muy singular, como tantas cosas en este país. De todos modos, ficción, realidad… ¿qué más da?

Esta pregunta sería el equivalente a los metros finales de la trayectoria del bumerán que lanzaste desde las páginas de la revista La letra del escriba. Querías saber si Arturo Arango le sugirió a alguien que se diera por vencido y probara suerte con otro oficio y no con la literatura. Era una pregunta con doble fondo porque te interesaba conocer qué hubiera hecho él en sus inicios si le aconsejaran lo mismo. De lo que le dijiste me interesa la segunda parte: ¿qué habrías hecho tú? ¿Si optabas por desistir, cuál hubiera sido ese nuevo oficio elegido?

Por fortuna, en los tiempos en que alguien pudiera haber intentado desestimularme, yo era demasiado joven. Eso quiere decir cabezón, intranquilo, fanático a mí mismo y a las cosas en las que creía y sigo creyendo, en gran medida. No hubiera desistido.

Yo no escribo porque quiero escribir, como tal. Escribo porque es la forma que mejor se me ha dado de hablar de todo y de mí mismo. Si tengo hambre miro a ver qué hay y saco un pan y una salchicha, o una tortilla, o un batido de mamey. No elijo de antemano, veo lo que hay. Así, lo que me sale es escribir. Creo que esto es importante.

Pero en fin, ¿de no ser escritor? Creo que lo estaría intentando en la dirección cinematográfica o como guionista. La historieta, el cómic, serían otras opciones, tuve mis incursiones en la plástica, después de todo, exposiciones incluidas. La música no, tengo la garganta rectangular y muy poca disciplina con las manualidades. La cuestión sería contar historias: mis historias. Eso es todo, Ahmelín.

Ah, y si te molesta el Ahmelín, invierte la H y la A y búscate una flauta. Que de lindo ratoncito me has tomado.

 

 

 

 

Palabras: Michel Encinosa Fú, escritor cubano, literatura cubana, literatura cubana contemporánea, cuento cubano, novela cubana, ciencia ficción cubana