Por Michel García Cruz

Es casi imposible por estos días no encontrar en la barahúnda de Internet, al menos en lo referente a foros cubanos, cierto video de reggaeton que al parecer ha levantado suspicacias en el cansado y aburrido panorama de la cultura cubana, por el simple hecho de que ha sido censurado ya sabemos por quien, (nunca tenemos los nombres de estos censores pero todos imaginamos quien puede ser: un hombre/mujer cansado de ver todos los días lo mismo que transmite su propio aburrimiento a lo que ve y por tanto decide que los demás no puede ver, aunque “los demás” en este caso sea precisamente un país, etcétera). Me refiero al video clip realizado por Joel Guilián, donde actúa alguien para mí hasta hace muy poco desconocido y que responde al nombre de Osmany García “La Voz” (con tatuaje en el brazo incluido), acompañado de una serie de artistas de los que más o menos tengo conocimiento o algún tipo de recuerdo de cuando aún vivía en Cuba (artistas todos dedicados al mundo de la música y en especial al del reggaeton, que hace muchos años llegó a la cúspide de la popularidad cubana y al parecer está muy lejos el día en que dicho reinado termine, mal que le pese a muchos, en fin, ese sería otro debate). En el mencionado video, Osmany se acompaña de la brigada de reggetoneros que le hacen los coros y que a la vez amenizan “el tema” con sus propias creaciones dentro del guión general, aportando cada uno sus matices dentro del campo tan repetitivo de ese tipo de música en el panorama nacional.

Pero hay varias cosas que me sorprenden de este video, algunas tienen que ver directamente con su factura como producto musical y de entretenimiento, y otras están relacionadas por supuesto con el hecho banal de que haya sido censurado y retirado de los Premios Lucas, a pesar de que por todos es sabido que en las llamadas del pueblo estaba siendo el favorito para ganar el premio de “video más popular”, como también puede verse por estos días en Internet. Lo primero que interesa de esta realización es su factura al menos en la versión que aparece colgada en varias webs con el subtítulo de “Internacional Video Versión”, ya que he visto otras que no responden a la misma estética que este al que hago referencia. Hace mucha gracia el descubrir que el escenario de todo el tema y la trama (si es que la hay) sea un espacio a todas luces nuevo dentro del panorama de la producción de videos nacional, ya que el sitio recrea con toda fidelidad lo que pudiera ser una muy bien decorada terraza de cualquier centro comercial capitalista, con lucecitas (¿montadas para escena?), toda una serie de artilugios publicitarios que promocionan la Store (tienda) llamada Cubanitas, el vestuario del público participante y sobre todo ciertas caras de despreocupación y disfrute que no recuerdo haber visto en ningún otro video producido dentro de Cuba, caras que disfrutan de un despreocupado día de fiesta y liberación de sábado por la tarde, como suele ocurrir casi en cualquier parte. Impresiona que una estética tan bien lograda (más allá de lo ininteligible que pueda tener el propio texto de la canción y de sus posibles connotaciones machistas y/o vulgares, que analizaré también), no pueda ser apreciada entonces y dada la censura por la mayoría de la población en los medios de comunicación masiva, y que el video haya tenido que ser sacado de la competición de los Premios Lucas por haber sido tachado de promiscuo y machista, etc. Personalmente creo que como la estética reproduce con total fidelidad lo que pudiera ser un centro comercial diverso, colorido y con propuestas que es uno quien decide aceptar (como ocurre en las sociedades verdaderamente libres) es lo que empuja entre otras cosas a que el video no pueda disfrutarse a mandíbula o cadera batiente y a toda luz y pantalla en los cines y televisores del país, aunque el espacio donde ocurre la acción sea para enarbolar de cierta manera el comercio y una propuesta en este caso promocional totalmente cubana, es decir, no estamos en un video donde se ensalza a El Corte Inglés de Madrid ni a los almacenes Macy’s de Nueva York, sino a una simple y colorida terraza a donde va la gente a desconectar un rato y a beber cierta bebida que puede producir la alegría y los movimientos exacerbados de las caderas y los cuerpos aunque no se entienda mucho lo que dicen, el chupi chupi que tan bien ha quedado insertado en la decoración del lugar y la ropa de la gente, chicos que sonríen con chupa chups en la boca, chicas que llegan y saludan a otros en una tarde que imagino de sábado o de domingo en la La Habana (o en cualquier otra ciudad de Cuba) a despejar un rato y a olvidarse quizás de una realidad que hace mucho tiempo dejó de alimentarlos. Creo que la juventud de Cuba y la del mundo entero es así, intenta divertirse, llamar un poco la atención y bailar desenfrenadamente mientras todo el mundo se la pasa muy bien, al ritmo de este chupi chupi o cualquier otro, pero divertirse al final. Creo que es precisamente esto a lo que mucha gente dentro de Cuba (gente con poder de decisión) tiene miedo: a que se diviertan, a que la gente olvide un poco de tanta rigidez y salgan bien vestidos a pasar una agradable tarde de baile y desenfreno y a consumir lo que sus bolsillos puedan o no pagar, pero pasarla bien del todo y olvidarse un poco de lo que vendrá mañana. Creo que ese es el mayor miedo del censor, que sin embargo ha tenido que bailar al ritmo de los brazos, piernas, caderas y otros miembros tan presentes el en video, que no deja insensible a nadie, aunque después despierte todo tipo de sensaciones en quien decida verlo.

Luego está la idea de que es un video promiscuo y machista porque incita a ciertas cosas que “denigran” a la mujer o la reducen al siempre manido espacio de la casa o más bien en este video a la cama. O sea: la mujer es la destinada al chupi y chupi y el hombre es sin embargo quien lo promueve y por eso hay que irlo a condenar. Personalmente creo que dentro del video lo que se respira es un gran goce general por las alusiones a una acción que hace a todos disfrutar, seas hombre o mujer y estés arriba o abajo o con la luz apagada o encendida, eso lo sabe todo el mundo y no es menester explicarlo aquí. Lo que se ha censurado es sencillamente el pasárselo bien, el simple disfrute del cuerpo humano abocado a este o a cualquier contexto, precisamente en un país donde el disfrute por encima de las penas siempre ha sido prioridad casi sicológica de la población, balsa a la que se ha agarrado casi todo el mundo para no hundirse entre carencias y ruindades que no conducen a nada y que hacen muchas veces perecer a quienes las sufren. En el video la gente baila, se divierte, beben el chupi chupi o lo que sea que se suministra dentro de las latas tan bien diseñadas en el ocaso de una tarde donde se va precisamente a eso, a disfrutar. También impresiona que un país tan bailador y gozador de la vida censure algo como eso que es propio de su esencia y de sus cultural ancestral: mezcla de los españoles con los esclavos africanos que definieron con sus tambores el ritmo general de un país hace demasiados siglos ya, impresiona que aún no aprendamos de eso, apropiarnos de nuestra propia idiosincrasia, de nuestros propios tambores y ritmos nacionales de músicas, caderas y cuerpos, sin asustarnos falsamente cuando cosas que ocurren en la más plena naturalidad de las calles y las casas se transmite de manera agradable a un video musical que lo único que viene es a refrescar un poco el apagado mundo nacional. Luz y color es lo que necesita Cuba para salir adelante, y este video (que no es la octava maravilla del mundo pero que tampoco aspira a serlo, sino sencillamente a divertir sin reflexionar por una vez o quizás haciéndolo desde sus propios puntos de vista que no tienen porqué ser los oficiales o los de cierta mayoría) trae un poco de eso, reúne un poco de gente linda y libre que se sienta a disfrutar y se pone de pie a bailar al ritmo de un reggaeton que los saca, una vez más y a lo mejor por poco tiempo, de la inanidad de sus vidas.