Presa en ninguna camisa de fuerza (I)
| 10 abril, 2012 | Posted by Ahmel Echevarría under Literatura |
Por: Ahmel Echevarría
Diálogo con Anisley Negrín
Gracias a la literatura, en este caso un premio literario, la conocí. Era el concurso La Casa Tomada (si mal no recuerdo). Ha pasado el tiempo, supongo que tres años o más. Yo no era uno de los concursantes, tampoco miembro del jurado. Ella, Anisley Negrín (Santa Clara, 1981)*, ganó el premio. O uno de los premios. Ya ni recuerdo. Lo que sí importa es que nos conocimos gracias a un escritor que integró aquel jurado (y cuyo nombre no puedo ni debo olvidar). Ahora es un amigo común. Y hubo un tiempo en que su hogar de madera y techo a dos aguas fue una casa tomada por nosotros y una camada de gatos, un oasis en medio de un desierto de tedio. Charlas cruzadas sobre literatura y vida (vaya delirio) que iban desplazando al aburrimiento, la abulia. Caminatas por la ciudad; nosotros, como lúcidos fantasmas en la alta madrugada o como zombis cuerdos de remate bajo el sol que calcina al Caribe. Pero Anisley nació y vive en Santa Clara, sus viajes a la capital son espaciados. De ahí que el e-mail o Facebook sean la manera de seguir cruzando conversaciones sobre vida y literatura (qué delirio) en este desierto de tedio.
La correspondencia es un género perverso, necesita de la distancia para prosperar —dijo en su novela Respiración artificial el narrador y ensayista argentino Ricardo Piglia—. Sin embargo, nos vamos adaptando y de qué modo. Esta conversación no ocurrió precisamente face to face. El saludo, el diálogo, incluso el beso de despedida pertenecen, digamos, a la irrealidad. Qué bien se nos está dando, a pesar de la precaria conectividad, el entorno virtual. Qué no podemos hacer en ese terreno que no es precisamente de todos y al mismo tiempo lo es. Con un poco de tiempo, destreza y algo de conexión podemos hacer maravillas.
En una entrevista dijiste “Cuando el Derecho llegó a mí —no lo elegí, precisamente— yo ya escribía, pero no me había descubierto como escritora. Imagino que escribía como una necesidad vital, como un modo de expresar —pude haberme expresado a través de otros modos, pero fue ese y no otros—, como un puente comunicativo entre lo que leía y yo.” ¿Cuales hubieran podido ser esos “otros modos”?
Ahmel, de otros modos de expresarse podríamos estar conversando toda una vida. Hay gente que se expresa gritando, por ejemplo, pero yo me considero una persona más bien callada, por lo que gritar no va conmigo. Hay gente que se expresa haciendo cosas con sus manos. A mí, en una época, me dio por hacer collares. Hacía collares de cualquier cosa: de semillas, de conchas, de cuentas de colores, de hilos enlazados… Luego los regalaba. Me gustaba ver mis collares adornando otros cuellos. Pero después, cuando a quienes les regalé collares, se aburrían, los ponían en una gaveta. Yo no estaba preparada para eso, en esa época. Ahora sé que dormir en una gaveta es el destino de muchos libros. A veces, el mejor de los destinos. Ahora estoy más curtida, supongo, más lista para afrontar el hecho de mis libros durmiendo por ahí, como sepultados en cajas de muerto, y seguir insistiendo en escribirlos.
Tienes varios libros de cuentos publicados: Sueños morados / sueños rojos, Temporada de patos, Feeling y Diez cajas de fósforos. Detengámonos en el último, con el que obtuviste el Premio David en el 2008. Es un libro de “ángeles y demonios”, en donde los personajes son niños, sin embargo es un libro para adultos. ¿Por qué, a diferencia de los anteriores libros, dirigiste tu mirada al espacio de tiempo donde transcurre la niñez? ¿Cuál fue el punto de partida de este libro?
El punto de partida fue, precisamente, el cuento que encabeza el cuaderno (‘Dios es amor’), que escribí acabada de dejar el nido de mis padres y empezar una vida un tanto más independiente. Por lo que lo considero un cuento de iniciación. Una ceremonia. Como las pruebas que se han de pasar para entrar a una fraternidad. Solo que aquí, la fraternidad estaba integrada por un solo miembro, que era a su vez verdugo y víctima. El resto de los cuentos se fueron dando una vez iniciada, a raíz de las muchas horas de diálogo con una amiga sobre cómo llegamos a ser lo que somos, lo cual nos condujo —indefectiblemente— a la infancia, a pensar nuestra infancia, pero sin condenarla, sin emitir juicios, sino como estadio rico en matices, en experiencias, en sensaciones, en olores, en colores, en anhelos… Por eso el libro está dedicado a ella. A lo que queda de infantil en ella, en mí, en todos. Por el remanente de inocencia que pueda —si puede— salvarnos del horror. Y no es que en la infancia no haya horror —que lo hay—, sino que quizás con un poco más de lozanía, de desenfado, podríamos escapar de él. Pienso en una película (¿ya te dije que para mí el cine es la expresión más elevada de la literatura?): Precious, de Lee Daniels (basada a su vez en la novela Push, de Sapphire), que te deja ese sabor de victoria en la boca, de nada más importa… Y es que funciona así: nada más debería importar. No sé, creo que no consigo dar esa impresión con mi libro. En eso el libro falla.
¿Qué es para ti El Bien?
Ahmel Ahmel, estás abusando de mí.
El bien es Platón y su triada: lo bello, lo justo y lo bueno. El bien es lo bello, aunque la belleza sea subjetiva. El bien es lo justo, aunque lo justo no sea siempre lo legal. El bien es lo que avistamos pero nunca alcanzamos, porque no es nuestro estado natural, porque no estamos hechos para el bien, sino para el error.
Continuará
* Anisley Negrín Ruiz, (Santa Clara, 1981). Narradora y poeta. Licenciada en Derecho. Miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Tiene publicados los libros Sueños morados / sueños rojos (Editorial Sed de Belleza, 2008). Temporada de patos (Premio “Alcorta” de Literatura, Editorial Cauce, 2008), Feeling (Premio “Félix Pita Rodríguez”, Editorial Unicornio 2008) y Diez cajas de fósforos (Premio “David”, Ediciones Unión, 2008). Su libro Sueños morados / sueños rojos fue seleccionado para integrar la colección La Puerta de Papel en 2009. Ha obtenido premios como el “Ser en el Tiempo” 2009, el Hermanos Loynaz de Poesía 2011, así como menciones en el Concurso Iberoamericano de Cuento “Julio Cortázar”, 2008 y 2011. Cuentos suyos han sido publicados en revistas literarias y antologías dentro y fuera de la Isla.

El Bien y la Belleza y La Verdad soy yo.
He dicho.
Os amo.
gracias por postear la entrevista. ella es una escritora que me cuadra un mundo. varios de sus libros descansan en mis ataudes. gracias
No solo es una escritora muy talentosa es una excelente profesora ,cosinera ,amiga ,tuve la dicha de tenerla en mi casa preparando un plato cubano riquisimo,Anisley te deseo muchos éxitos besos
josefa, quién iba a imaginarse que te encontraría aquí? gracias por tu comentario.