Esquirlas de un instante
| 24 abril, 2012 | Posted by J.R. Fragela under Literatura |
Por: J.R. Fraguela
Es curioso como a veces conservamos mejor los instantes que no hemos vivido. Y escribo instantes en lugar de recuerdos no para subrayar una diferencia sino todo lo contrario. Yo, como cualquiera, conservo instantes ajenos como si fueran propios, recuerdos que en verdad no he vivido, pero que de algún modo definieron mi concepción de la vida.
Uno de los instantes que mejor recuerdo es estrictamente literario, o sea, estrictamente verídico si tomamos en consideración que la literatura no es más que la comprensión de un caos, la selección consciente del breve espacio de la existencia.
El instante que subrayo proviene de una novela titulada Esquirlas (Letras Cubanas, 2005), del autor Ahmel Echevarría Peré. Siempre que pienso en este libro regresa a mí el momento en que hojeé una revista Unión y me topé con un fragmento de la novela. Desde la página me llegó una historia fracturada, con unos personajes que se reconocían a sí mismos a través del pasado. Leí el fragmento muchas veces, incrédulo, no me parecía posible haber sido removido por una narrativa que bordaba sus hilos por entre una visión tan insondable como la propia existencia. Me pareció, desde ese primer impacto, que me había topado con algo que mostraba una casi inédita belleza.
Para colmo, como los personajes, yo también estaba en una casa vacía, acompañado por una chica, esperando en silencio que el futuro se mostrara bajo un nuevo matiz. Aquel instante en aquella casa quedó tal vez sellado por la lectura inesperada de aquel fragmento de una novela encontrada junto a otras revistas. No había remedio, eso es lo que hace la buena literatura: hallar el sentido de las cosas.
Luego, por suerte, un amigo me prestó la novela, y pude comprobar que el primer efecto, el deslumbramiento ante la maravilla, era un hecho. Esquirlas estaba construida con un lenguaje preciso, forjado a golpe de cincel. Una especie de simbolismo ingénito la hacía flotar. El autor, semejante a un ilusionista, obraba un hechizo en el subconsciente, hacía ver ángulos que no se percibían a simple vista. Ríos de emociones y preguntas brotaban de los personajes.
Me sentí de la misma manera que me sentía al observar una película de Win Wenders, de Wong Kar Wai, el Tornatore más íntimo, el Lars Von Triers más lúcido, el Fernando Pérez más sensorial. Me pregunté lo mismo que me preguntaba al contemplar una obra de arte: ¿Cómo lo hizo? ¿De dónde sacó la materia?
Estaba, sin dudas, ante un autor de estilo muy definido.
El instante se metabolizó en recuerdo nuevamente la tarde que entré a una librería y descubrí la novela. Como no tenía dinero mi única opción era hojearla, escuchar un poco a algún personaje:
“Fíjate, muchacho, ¿qué ves? Nada cambiará, nuestros héroes se han matado o están matándose. ¿Qué ves? ¿Acaso importa el tiempo? Nuestro único héroe es la intemporalidad”
Al final, sin otra salida, miré a los lados con disimulo, introduje la novela dentro de mi pantalón y salí de la librería. Estuve sintiéndome mal por el robo hasta que abrí el libro en la página 10 y le leí a mi chica Z., desnuda, hermosa, húmeda, perfecta, acostada en mi cama:
“¿A fin de cuentas, qué es la memoria? Me atrevo a llamarle patria. Mi patria es la memoria. Estoy armado a retazos, mi cuerpo no es más que parches y costurones. Son instantes que he vivido: millones de recuerdos, millones de esquirlas; prefiero llamarles así”.
Me gusta eso, es mágico, me dijo ella.
Y tenía razón.
Una de las posibles misiones de este texto que escribo está en señalarle al lector un camino directo hacia una sensibilidad bien construida. Hacerle ver que, a través del libro Esquirlas podrá —si tiene la osadía suficiente— hallar su propia sensibilidad. Hacerle ver que la lectura de Esquirlas puede contribuir en la creación de un instante perecedero en la espiral siempre creciente de la emoción. Porque de eso se trata la trascendencia, de ocasionar una herida en la memoria colectiva.
Si tienes la osadía necesaria —léase: la capacidad de ir más allá de lo exterior, lo aparente— encontrarás en la novela de Ahmel Echevarría una sensación edificante, a pesar (o tal vez gracias) del desmembramiento de los personajes, sumidos en una situación que de seguro te ha tocado de cerca: el adiós, la emigración, la imposibilidad de suturar los sueños caídos de un tercer piso. Porque la añoranza es, sin dudas, uno de los grandes aciertos de esta historia. La añoranza como combustión y análisis del todo:
“Es imposible amputar un recuerdo. Lo supe luego de ver las cenizas en el cubo de la basura. Tal vez ese fue el punto de partida de un viaje hacia mí, no lo puedo asegurar, aunque sé que ahora habito los espacios de la memoria. Emigré hacia mí. Hice las maletas y cerré todas las puertas. No dejé ningún mensaje. Mi cuerpo es el único espacio posible”.
Leer Esquirlas es introducirse en una experiencia de la que saldrás inevitablemente con otra mirada, como una zambullida en el río de Heráclito. ¿Qué esperabas? Eso es lo que hace la buena literatura, implantarnos miradas, regalarnos lentes azules o quitárnoslos para siempre. No hay elección.
Ahmel Echevarría podrá escribir cientos de cuentos y novelas, pero estoy seguro de que sus esquirlas continuarán atravesando el instante de la emoción, o sea, el inalterable instante del tiempo. Ya sabes.

Que buen artículo, le agradezco mucho al autor que me haya hecho recordar aquellos días de enero de 2008 cuando acababa de encontrarme en un pajar a una nueva chica, la cual, pues, al igual que yo era y es otra enferma de las letras, de las buenas historias.
Recuerdo que ambos nos leímos primero Inventario, luego Esquirlas, el cual pues, en comparación con el premio David es un libro maduro, con mayor ardid del autor. Y es cierto, este último es un libro que llega al alma, aun siento el aire de aquellos días en que leía las páginas de este libro el cual, acaso no era un libro de cuentos, en fin, no importa, lo importante fue el logro del mismo, remover el interior del ser, y en mi caso, y el de mi chica lectora, consumado fue el hecho. Deberían volver a editarlo. Deberían.
Nomás quisiera señarle un mínimo detalle del artículo al autor, acaso la literatura tiene como función hallar el sentido de las cosas, no estoy de acuerdo, esto me parece un criterio dado por algún académico de Educación Cívica, quién cree que la literatura da sentido a las cosas. Huuuum, ojo, amigo, ojo. Por lo demás le felicito, espero volver a leer otro texto de su autoría y que los camaradas de vercuba sigan estimulados por tan buena labor de la cual soy uno de los que se siente apremiado cuando abro un artículo como este que acabo de leer.
Hasta la Victoria siempre!!!, jaja.
Lo mismo sentí cuando un día ya lejano descurbrí algunos fragmentos de Esquirlas en la revista El Cuentero, del Centro Onelio Jorge Cardoso. Pero aún no he tenido la oportunidad de leer el texto entero, que espero recuperar en próximas estancias en La Habana. Como tantas otras cosas, como ese silencio donde nadie despertaba ya a Rocamadour.
Mis saludos al caballero Michel, un apretón de mano, pese a que en ocasiones no estemos de acuerdo, esa es la vida, amigos, la diversidad, y el respeto. Mis saludos, caballero. Ojála sepamos un día navegar en las aguas de lo diverso, quizás ese día estemos listos para serias democracias.
ya dije antes, mucho antes, que Esquirlas es una novela, y no un libro de cuentos, como pensaba ahmel. y un placer tremendo el haberla editado. más que eso, el no haberme equivocado al pedir la oportunidad de ser su editor. es un libro que quedara, que se salvara de las llamas del olvido.
A mí me gustó mucho Inventario y después Esquirlas.
Creo que hay una diferencia importante entre dos imágenes: una es al principio de la novela cuando Ahmel está sentado de espaldas a la ciudad con los pies en el vacío (creo que es en el Cristo), y otra es la de la foto con las dos muchachas, en las que él se sienta en el medio, de nuevo de espaldas pero con una mariposa en el hombro. Creo que la mariposa da la clave de esperanza y renovación que necesita Ahmel, nuestra generación y la novela. No es un final feliz para nada (imposible que lo sea) pero hay una rendija de esperanza, a diferencia de la alienación de la primera imagen. Igual la mariposa es simbolo de lo efímero así que es una esperanza bien cogidita por los pelos… pero aún así está ahí.
Me parece muy bien logrado el efecto de las fotos, lo mismo las descritas que las de OLPL. La primera (si mal no recuerdo) es una que me gusta mucho: el cuerpo desnudo fragmentado por las sombras de una ventana. Nice.
Un saludo para Ahmel.