Apoyar a la Revolución Cubana… en la distancia
| 10 mayo, 2012 | Posted by Yusimí Rodríguez under Bitácoras |
Los Expedientes Y
Por: Yusimí Rodríguez
En muchas ocasiones me sucede algo curioso, cuando, frente a una persona extranjera expreso en voz alta una crítica al sistema que rige en mi país. Se espantan y me increpan por mal agradecida, ingenua, ignorante, que oso criticar mi realidad porque desconozco las de otros países. Los suyos, por ejemplo.
Muchas de esas personas son jóvenes estudiantes de países vecinos del continente, o incluso de los Estados Unidos, que no tienen la oportunidad de acceder a estudios universitarios en sus tierras natales. Pueden hacerlo aquí. De gratis, además.
Entiendo su gratitud. Pero entonces me pregunto: ¿cómo el estado cubano ha costeado, hasta ahora, los estudios de tantos jóvenes extranjeros? Sospecho que han sido los recursos generados por el pueblo los que han sustentado el altruismo de nuestro gobierno. Sospecho que somos los verdaderos deudores de esos jóvenes y quizá sería la primera en irritarme si no mostraran agradecimiento.
En el otro extremo están los extranjeros del primer mundo. Cuando me dicen que estoy equivocada, supongo que deben tener razón. Han viajado, han visto el mundo, pueden comparar.
A veces siento la misma confusión al leer los comentarios de algunos lectores de Havana Times. Llego a dudar antes de escribir una nueva crítica.
No sabría precisar el momento en que experimenté esta sensación por primera vez, pero sé que empecé a ser consciente de ella en el 2005. Fue el año en que conocí a una galesa y una argentina, marxistas ambas, y solidarias con la Revolución cubana; habían venido para quedarse. “Sudaban” entusiasmo, estaban ansiosas por ayudar al país de alguna forma, querían vivir como cubanas. Venían de los Estados Unidos y hablaban perfecto inglés. Consiguieron empleo como traductoras.
Las visitaba con frecuencia en el apartamento que les habían asignado en su trabajo, y allí hablábamos de marxismo, socialismo, la Revolución, del Ché Guevara. Aquél era un apartamento amplio, con muebles cómodos, refrigerador de dos puertas (que yo no había visto hasta entonces), cocina de gas con horno (yo aún cocinaba con kerosene), o sea, un apartamento normal. A ellas ni les parecía tan grande; tan distinto del mío en Víbora Park —con dos cuartos para cuatro personas, una pequeña sala comedor, una cocina estrecha con un refrigerador pequeño, tampoco había mucho que guardar en él—. Allí, en el piso 19 o el 23 del edificio Focsa, desde donde los carros que corrían junto al Malecón parecían de juguete, Marx y el Ché sonaban como música en mis oídos.
Ellas querían vivir como cubanas, decían todo el tiempo, para eso habían venido.
¿Qué quería decir “vivir como cubanos”? ¿Como cuáles cubanos querían vivir? ¿Como los ministros, los funcionarios del Estado, los deportistas (algunos) de alto rendimiento? ¿Como yo?
No sé si alguna vez tomaron el transporte público, si alguna vez hicieron el intento de subirse en uno de nuestros camellos de entonces. Fuimos juntas a dos conciertos de hip hop y en las dos ocasiones viajamos en taxi. No en uno de los carros de mediados del siglo pasado que llamamos almendrones y cuestan diez o veinte pesos cubanos, y que solo monto en casos extremos, con dolor por los diez o los veinte pesos. Viajamos en taxis de verdad, con choferes uniformados y tarifa en divisas. Llegábamos en menos de diez minutos a donde me habría tomado más de una hora.
¿Cuando hablaban de vivir como nosotros les pasaría por la cabeza ganar un sueldo raquítico que apenas alcanza para mal comer? ¿Vivir sujetas a una libreta de abastecimiento temiendo cada día que desaparezca la libreta de abastecimiento? Cada vez que liberan un producto de la libreta tiemblo.
Pero aún si mis amigas hubieran decidido vivir con libreta de abastecimiento en una vivienda pequeña, con un sueldo microscópico, algo habría marcado una distancia insuperable entre nosotras: su posibilidad de salirse del juego, tomar sus pasaportes, reservar un pasaje en avión, y adiós. Recuerdo una ocasión en que debía asistir a una de esas marchas multitudinarias que registraban récord de asistencia popular. En el periódico nos decían que podíamos ir a la marcha desde nuestros lugares de residencia. En cada municipio había puntos de transportación para la marcha. No había transporte para nada más. La única forma de ir al trabajo justo después de la marcha era asistir a la marcha.
Fui con mis amigas. Estábamos juntas, pero tan distantes. Ellas, eufóricas por la experiencia, coreaban las consignas que exigían el regreso de los Cinco Héroes y la extradición del terrorista Luís Posada Carriles. Yo contemplaba aquel espectáculo, una vez más. Pensaba en todas las veces que había tenido que asistir a alguna marcha o tribuna abierta bajo la amenaza de perder el sueldo del día. Pensaba que a mis veintiocho años no tenía una casa propia, no tenía un cuarto propio. No tenía esperanzas de ver un pedazo del mundo fuera de las costas cubanas. Quise sentarme en el muro del Malecón, pero no llegué a hacerlo. Un policía me dijo que no podía estar allí. Me indicó con la mano la marea de gente que avanzaba. Tenía que incorporarme y seguir. Atrás, ni para coger impulso.
Mis amigas decían que incluso mi frustración por no conocer el mundo era un privilegio. En otros países la gente era demasiado analfabeta para pensar en ampliar sus horizontes. O tenían demasiada hambre para darse el lujo de preocuparse por algo que no fuera llenarse el estómago, para llegar con vida al día siguiente. Un mes después de esta conversación mis amigas me anunciaron que se iban de Cuba. No había transcurrido un año desde su llegada. Nunca entendí bien por qué se fueron. Sé que sus ansias de ayudar al país habían sido recibidas con más desconfianza que gratitud, el ambiente donde trabajaban era hostil. Se iban a Francia. Desde allí, me aseguraron, continuarían apoyando a la Revolución Cubana.
Pensé en cuánto me gustaría apoyar a la Revolución desde Francia o cualquier otro país, al menos por un tiempo. Descubrir, desde allí, que vivo en un país maravilloso, donde las cosas marchan bien, donde hay justicia y libertad; extrañar las bondades de la Revolución.
Tal vez, la realidad me ciega porque la miro demasiado de cerca, porque estoy dentro de esta realidad, porque la padezco.
Han transcurrido siete años desde que nos despedimos. Supe de ellas recientemente. Están bien, en Francia. Separadas, pero bien. Tienen sus empleos, sus planes, viajan alguna vez durante las vacaciones.
Yo tengo 35 años. Aún no tengo casa propia. Comparto el cuarto con mi hermana y mi sobrina. No he visto el mundo, pero conservo planes y sueños. Supongo que también puedo decir que estoy bien.

Lo mismo ocurría con comunistas tan convecidos como Gabriel garcía Márquez o Picasso, quienes con varias casas en Paris y México y Colombia defendían la Revolución desde allí, viajando en primera clase siempre y paseándose por las cuatro esquinas del mundo cuando se les antojaba, debido a su arte, que quede claro, pero no tanto a sus convicciones políticas que los llevaban a no saber ni experimentar en carne propia lo que es la desinformación, la imposición de los dogmas, la falta absoluta de libertad de elección y de cualquier tipo de expresión que no sea la canónica establecida por la Revolución, etcétera. Experimento las mimas sensaciones que Yusimí cuando hablo, aqui en España, sobre la realidad de mi país, al que amo profundamente, pero no hasta el hartazgo de parecer un ciego con su situación desde hace ya más de 50 años, donde no hay posibilidad alguna de elegir en casi nada. Las amigas de Yusimí incluso tuvieron la oportunidad de elegir afincarse en Cuba y, llegado el día, dejar el país para tomar nuevos horizontes. Ningún cubano de dentro de la isla y de a pie, tiene, a día de hoy, ni la más remota esperanza de tener algún día la libertad plena de aquellas, que ojalá llegue pronto.
Michel, amiguete, tienes a mano alguna información donde el Gabo se haya proclamado comunista, me interesaría leerlo, de no ser así, “tío”, estás exagerando, pero puede ser, es verdad que hay una dictadura, pero sabes, me llama la atención como tu defiendes tu tristeza desde el exterior, hmmmmm, qué interesante son los comentarios de este pobre muchachito.
Te veo a ti en la misma posición del Gabo y de Picasso, solo que defendiendo, reitero, tu posición de cubanito triste viviendo en el primer mundo y al que pobre, pobre, dirán lo españoles, me da lástima este chabal, pobre chabal.
Amigo, si en verdad eres cosmopolita desde tu discurso, te recomiendo, esto es díficil, que erradiques todo sentimiento nacionalista de lamentación que hay en ti, en ocasiones he sentido que jóvencitos como tu, cubanos siempre, más bien anda por el mundo como mendigos de la lástima, si en verdad eres cosmopolita y te sientes europeo, español, más bien, dijiste en una ocasión, te exhorto a que conozcas más el mundo, pues Cuba no es el hombligo de este globo, y tus lamentos amigo, quizás provoquen el consuelo de las ancianas oyentes de novelitas de radio, pero a mi, y a unos cuantos, joder, joder, das… por Dios, jaquecas.
Lea historia, muchachito, y conozca el mundo presente, abandona el nacionalismo patético en el cual estás inmerso. Por Dios, chabal.
Antes que nada decirte o más bien informarte que “chabal” se escribe con v, chavalín de esas tierras. Y luego que te organices un poco, tienes un discurso bastante disgregado porque no se te llega a entender bien, te pierdes en las ideas y hasta ahí llega la comprensión. Y, entre otras cosas, si no sabes que Gabo y Picasso fueron (en el caso de Gabo aún es, aún vive) acérrimos comunistas, es que o no sabes nada de la vida en general y en particular de la cultural, y que, evidentemente, no has “leído” nada de historia, etc. Y con respecto a la lástima que dices que yo siento, nada más lejos de la verdad, no me conoces, no has sabido entender nunca los puntos de vista que he planteado en mis artículos, pero realmente no sé si es porque no sabes leer muy bien, desde el punto de vista alfabético, o por que tu nivel de comprensión de un texto escrito es igual a cero. Otra cosa: el rollo que armas de la nostalgia y los nacionalismos, lo formas tú solito, no participo de nada de eso y por un lado tengo nostalgia de que elija con toda libertad, y en cuanto al nacionalismo que te inventas, desarróllalo más porque se te queda hipercojo en tu explicación, no sé en qué punto de vista he expresado yo algo que pueda parecerse a eso. Precisamente un nacionalista ciego diría que en Cuba no hay problemas, lo dibujaría todo en perfecto azul como si todo funcionara a la perfección. En cuanto a lo de leer historia, ser cosmopolita, no te voy a responder comos debiera, pero más por respeto a los creadores de este blog y a sus posibles lectores, que no se merecen ninguna palabra altisonante. Sólo te digo, más bien repito, que hago, siento, escribo, vivo y comento lo que me sale de unos cajones, cambiando la primera “a” por una “o”. A ver si se calla de una vez que Rocamadour está hasta la frente de las intromisiones de “chaval” tan pesado, por Dios.
Michel, Gabriel García Marquéz, ¿comunista?, jajaja, me has hecho reir, jajaja. Te ayudo, el Gabo nomás es un simpatizante de la izquierda cubana – sabías que Clinton y el Gabo son grandes amigos, jajaja, ahora me dirás que el Gabo es un comunistademocrata – la cual hoy es derecha, bueno, de esto sabes, pero nunca ha dicho al público “Soy comunista”, jajaja, que bromista eres, chabal con b. En fin, que esto es serio, te ayudo, quien posiblemente se haya proclamado comunista fue ese otro chabal, de 75 años que al igual que tu se siente más español que cubano, en este caso hablo de ese estupendo escritor, nacido en Perú, que nunca ha podido superar la novela del Gabo “100 años de soledad”, el afamado derechista, el señor de “La fiesta del chivo”, que novela tan magnífica, seguro que ya la has leído, ¿no?, chabal con b.
En fin. Termino este asunto, gasto energía en alfabetizarte desde tu pose extremista y colonizadora, de cubanito sufrido, no sin antes recomendarte, reune todos tus ensayitos, has una recopilación de los mismos, sería, posiblemente, muy leído en tu otra patria, te recomiendo un título. Palabras de un cubano triste, esto seguro que ha de vender mucho, y seguro que sería de gran ayuda para los pasajeros de los metros, cubano chabal con b, de prosa lagrimal.
Que buena idea la tuya, jajaja, El Gabo comunista, que chiste más gracioso. Bueno, ahora solo falta que me digas que Cortázar y Neruda también, jajaja.
Hasta la victoria siempre, chabales caribeños con ínfulas de escritores pseudoeuropeo.
Ah, Michel, chabal con b, Rocamodour ha muerto, acabamos de enterrarlo por culpa de uno de tus comentarios inspirados en los cajones que tanto placer literario provocan en tu pequeño mapa.
Menos mal, entonces, que ya murió Rocamadour, jeje…
Pero otra cosa: eres presa de un provincioanismo letal, porque parece que te iincomode que alguien viaje, viva, salga, entre, en fin, que se retroalimente de otros paisajes y de otras culturas y lo refleje enn su vida y cómo le venga en gana, etc. Así que culturízate tú, por Dios, sal un poco del platanal donde vivirás escondido (al menos con Internet) y deja de calificar a los que no conoces, céntrate en los plátanos y enn los boniatos y en tus imrpobables “chés” y deja estar, caval con v, deja estar y bvivir y ser libres y nos eas tan horripilantemente torpe como para calificar lo que no ves, que claro, como no ves, intentas decir que Cortázar y Neruda no fueron lo que a todas luces es parte del fundamento de sus obras y sus discursos, ve a la escuela, donde quiera que estés, cvahalito, a ver si aprendes algo de una vez…, jeje, qué bueno que ha muerto Rocamadour.
Si,si, Michael Jackson también era comunista, ¿no?
Igual que Chaplin, ¿no es así? jajaja.
Dios mío, Dios mío, MINRED.
MINRED no, MINED, así mejor.
“Muchas de esas personas son jóvenes estudiantes de países vecinos del continente, o incluso de los Estados Unidos, que no tienen la oportunidad de acceder a estudios universitarios en sus tierras natales. Pueden hacerlo aquí. De gratis, además.”
¿De gratis? ¿En que universidad gratuita estudio esta muchacha You See Me?
¿De gratis? ¿De gratis? ¡Se dice gratis, sin el de!
So salvaje.
“Yo tengo 35 años. Aún no tengo casa propia.”
Porque no quieres. Están vendiendo materiales por la libre en Flogar.
Por Dios, Pancho Sancho, sorry, Garrancho. Otro cubanito más de pañuelo en manos.
Rezo porque un día estos pibes viajen el mundo sin obstáculo, luego veremos cuál será la razón de los pañuelos en mano.
A veces, pienso, este gobierno solo ha enseñado a este pueblo a criticar y no hacer nada, no he conocido pueblo más crítico y tácito a la vez que este, quién es capaz de entender a los cubanos, si ellos mismo no se entienden.
Detrás de tantas lágrimas se esconde la autosuficiencia insular, recuerdo que en una ocasión Cortázar me habló sobre esto, en ese caso, sobre el escritor cubano, dijo, Son buenos pero padecen de un mal, el nacionalismo. Y decir nacionalismo es decir, lágrimas, de esto son fieles herederos de la madre patria, ¿no es asi Michel?
Cuba es el único país pobre que se la pasa comparándose con el primer mundo. Cuba el hombligo del mundo, o más bien, el lunar.
OK: viniendo del entierro del tristísimo Rocamadour, que ya ha descansado en paz. Cuba no se compara, aspira a “ser” como todo el mundo, no somos tan ciegos como para no querer ver lo que hay más allá. En cuanto a nacionalismos, no creo que haya gente más nacionalista en el mundo que los vascos, los catalanes, los valencianos, pero a esos, segurísimo, tú no los conoces. En cuanto a la madre patria de la que tanto hablas, para mí solo hay una: la literatura, con mayúsuculas. Y de lágrimas nada, que aqui lo que hay es tremenda gozadera. Una última cosa: es OMBLIGO, chavvvvvval, sin hahce, a ver si lees más de una vez. Ciao, que se apagan las velas en el responso final de Rocamadour.