Foto tomada de: tallerladiosa.blogspot.com

Por: Roberto Viña

2.

Si se entiende que la acción dramática requiere de cierta autonomía para su progreso y consecución durante el transcurso de la pieza, quizás el espacio propicio donde mejor se evidencie el traslado del testimonio biográfico a la contextualización teatral sea, para este caso, el plano dialógico. En las construcciones dialogales, a partir de los eventos enunciados en la trama podemos reconstruir un pasado de estos personajes que en buena parte procede de la biografía citada. Pequeñas remembranzas, o descripciones que emplazan el espacio físico de la obra, son algunos ejemplos en los cuales Fabián Suárez se apoya de la biografía de Morrisroe para darle una prolongación a su conflicto. Al estar ubicada en un tiempo real cerrado como es el marco de un día, y sobre todo, trasladar los acontecimientos a un único espacio, Fabián opta por el tiempo psicológico como una ruta de escape, que hacia atrás o previendo algún futuro dinamiza el carácter intrínseco de estos personajes. Los diálogos por su parte, enunciados de manera tácita y factual son capaces de contener y expresar este tránsito al cual hago referencia de un texto a otro. Varios ejemplos pueden enumerarse que engrosan la teoría de que Robert Mapplethorpe: Una Biografía resulta material a partir del cual Caballos entronca ese carácter semi-testimonial al cuerpo apócrifo del teatro, al lenguaje de la escena que en buena medida continúa otorgando una visión particularizada de un suceso determinado.

Tomemos como punto de partida y sin un orden cronológico, algo que en la pieza parece una idea constante materializándose de manera escalonada y que muy bien queda explicitado en la biografía a partir de una confesión de la propia Patti Smith, y es la obsesión que desde el principio siente la artista por Mapplethorpe. “No empecé a creer en mí misma hasta que conocí a Robert”, explica Patti. “Me proporcionó autoconfianza como artista”.[1] A partir de esta idea que queda explicitada desde la página 59 de la biografía conocemos del influjo que tendrá Mapplethorpe sobre estos personajes y como esta referencia contamina el resto de sucesos, dígase el encuentro de los dos amantes (Patti Smith y Robert Mapplethorpe) con San Wagstaff, el Coleccionista, o la primera conversación que sostuvieron Wagstaff y Mapplethorpe, siempre evidenciando el magnetismo entre los tres, que en la pieza Caballos resulta apostillado de forma inequívoca con la aparición del Muchacho y la crudeza de sus parlamentos al evidenciar sin remordimiento alguno la envidia que siente hacia Mapplethorpe por el amor que Wagstaff le profesa. Ya para la página 120 de la biografía, Morrisroe relata con lujo de detalles la primera ocasión en que Wagstaff y Mapplethorpe se encontraron, presentados por mediación de un ex amante del último, David Croland:

Cuando Wagstaff se enteró de que Croland tenía pretensiones de llegar a ser artista, acudió a su apartamento para ver su obra y le pagó mil dólares a cambio de dos dibujos. Antes de partir, sorprendió una polaroid de Mapplethorpe en un gorro francés de marinero que adornaba la sala de estar de Croland. Cuando preguntó de quién se trataba, Croland experimentó una sensación de dèjá vu.                   (p. 120)

Esta atracción que resulta inmediata, primero por la obra de Mapplethorpe y luego por el propio artista pone de relieve las similitudes que encontrarán cada cual en el otro. A pesar de la crudeza expresiva que Mapplethorpe imprimía a sus fotos, Wagstaff se sintió seducido por este mismo elemento, una relación de fascinación y temor si se quiere, debido a las enseñanzas conservadoras y una religiosidad católica adoctrinada desde pequeño. No obstante, y como bien asegura Morrisroe más adelante en la lectura, la seducción fue tal que, “Wagstaff se apresuró a telefonear a Mappplethorpe e inició la conversación preguntándole: ¿hablo con el pornógrafo tímido?[2] El elemento de la pregunta será vital para el diálogo que en la obra Caballos se establece entre la Cantante y el Coleccionista acerca del Fotógrafo, en el que progresivamente se llegara a este encuentro inicial de los tres y el magnetismo suscitado desde ese momento…

CANTANTE. ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?

COLECCIONISTA. Alguien me había hablado de ustedes. Llamé a la casa y pregunté: ¿con el pornógrafo tímido, por favor?                      (p. 27)

Las semejanzas en la descripción del encuentro de Wagstaff y Mapplethorpe no concluyen con la adecuación al texto teatral del verdadero acontecido en 1972, sino que prosigue en lo que luego fue, la primera vez que Wagstaff visitó el apartamento de Mapplethorpe y Smith. La recreación realizada por Fabián Suárez de este encuentro mantiene la naturaleza erótica del original que lejos de copiar su entusiasmo se regodea en otros aspectos que servirán más a la trama escénica, como es la incidencia de la música de rock en la vida bohemia del matrimonio.

Varios días después, Wagstaff visitó el apartamento de Mapplethorpe. Nada más entrar se vio saludado por el sonido inconfundible de dos personas en el momento de practicar el acto sexual y, al penetrar en la estancia, advirtió que no era sino una película pornográfica emitida por una grabadora oculta en el bolsillo de una cazadora negra de un motociclista. La chaqueta colgaba de un perchero junto a un par de pantalones de cuero de cuya entrepierna sobre salía una barra de pan.    (p. 120)

 

COLECCIONISTA. Y una música insoportable. Recuerdo particularmente el momento en que me encontraba frente a la puerta. Con la mano levantada justo para golpear la puerta de aquel apartamento del demonio. Quería tocar pero no me decidía. Conocerlos. Desde dentro llegaba el sonido de una pareja haciendo el amor. Dudé si fuera una pareja, o un grupo de rock. Consulté el reloj. Era la hora. Vacilé un poco. Finalmente toqué. Y se dio nuestra cita.       (p. 27)

Foto tomada de: AHS

En otro acápite del texto biográfico que se reitera en la obra, es el particular deseo de éxito que los personajes pronostican para sí en sus carreras, medio que persigue un fin en la pieza, la búsqueda de la foto perfecta para Patti Smith. En el libro de Morrisroe se recrea este anhelo a partir del testimonio de Janet Hamill, amiga del matrimonio que se mudó de New Jersey a New York muy cerca del apartamento donde vivían. Al preguntarle al respecto, Janet Hamill asegura:

Querían ser ricos y famosos. La fama resultaba particularmente importante para Patti Smith debido a que tras perder el niño, necesitaba un modo de reafirmarse. Robert y Patti se pasaban la vida diciéndose el uno al otro: “¡Vamos a conseguirlo y lo vamos hacer juntos!”                 (p. 62)

En la obra Caballos, aunque no existe una reproducción directa de este parlamento, es evidente su significado en la constante reiteración de la cuestión del éxito y la fama. Quizás es por ello, que a la alusión que hace el Fotógrafo en varias ocasiones de: Éxito, ¿te dice algo esa palabra? (p.18) podamos darle un análisis distinto del que a priori presenta como ironía. La validación de sus obras respectivas fue una obsesión para cada uno de estos personajes a los cuales los ideales propios de la contracultura y el movimiento hippie seducían, pero también se veían a sí mismos enarbolados como verdaderos artistas de su época y por ello aspiraban a cierta comodidad financiera. Este éxito que llegaron a constatar en vida, fue el aliciente primero de cualquiera de sus piezas (musicales como fotográficas) y signó en ambos la búsqueda de una mayor recepción provocadora desde el plano estético y conceptual.

Con respecto al espacio hay otro punto de contraste en ambas obras, pero este espacio será reducido al lugar físico del escenario como laboratorio, el que comprende el estudio de Wagstaff al cual Mapplethorpe solía llevar sus modelos para fotografiar. Este estudio será importante no sólo en la pieza teatral, sino también en la biografía ya que gran parte de los eventos que en ella se produjeron le dieron a Mapplethorpe gran renombre, sin contar la fotografía en cuestión que sirve de leit motiv a la escritura. No sólo por su ubicación geográfica y oportuna es que el uso de este sitio condensa los conflictos de la obra, sino que establece un habitáculo de comunión para los tres personajes, un concilio que los reúne y a la vez los distancia de manera irrevocable. Esta habitación tendrá para Mapplethorpe una significación especial debido a su manejo de la iluminación que le permitía al artista manipular a su antojo el encuadre. El tratamiento de luz como contienda de sombras y reflejos, de luces y manchas. En la pieza de Fabián Suárez se hace evidente esta importancia a través del diálogo entre La Cantante y el Fotógrafo ante la disyuntiva de encontrar el fotograma perfecto.

FOTÓGRAFO. Contra la pared.

CANTANTE. Me haces daño.

FOTÓGRAFO. Cállate. Contra la pared. Contra las luces que se reflejan en la pared. El triángulo de luz.

CANTANTE. Bien, genio. Entonces, me pongo contra las luces que están en esta pared de almacén, ¿y ahora?

FOTÓGRAFO. Muy fácil. Tú sonríes y te hago la foto de tu vida. ¡Whisky!      (p.20)

 

Mientras que Patricia Morrisroe refleja este pasaje dentro de la biografía de la siguiente forma:

Sam Wagstaff había comprado un nuevo ático en la Quinta Avenida, en el Village, a una manzana de distancia del Washington Square Park, y dado que el apartamento en cuestión continuaba desnudo y pintado enteramente de blanco, Mapplethorpe lo utilizaba de vez en cuando como estudio fotográfico. No hacía mucho que había advertido que a media tarde el sol dibujaba un triángulo perfecto sobre la pared, y no podía evitar visualizarlo cada vez que pensaba en la cubierta de Horses.          (p. 166)

En la medida que la lectura de Caballos devele nuevas perspectivas, muchas de las interrogantes de los acontecimientos, del pasado y futuro en ese rejuego de previsiones y anhelos, de traumas y resarcimientos, deberán responderse en los referentes y para ello, será esencial volver al texto biográfico de Morrisroe y encontrarlas como un punto de inflexión. Quizás puedan encontrarse nuevos ejemplos, tal vez otras aristas para una historia que se resiente en el papel y continúa reconstruyéndose a través de los estados en blanco que van quedando diseminados en la escritura.

 

(Continuará)


[1] Patricia Morrisroe, Op. Cit, pp.59

[2] Patricia Morrisroe, Op. Cit, pp. 120