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	<title>Vercuba</title>
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	<description>arte, literatura y sociedad</description>
	<lastBuildDate>Fri, 24 May 2013 18:12:21 +0000</lastBuildDate>
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		<title>ABCDesmontaE. Los Años Cero y yo: Este cadáver feliz[1] (Final)</title>
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		<pubDate>Thu, 23 May 2013 20:05:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jamila M. Ríos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[escritores cubanos]]></category>
		<category><![CDATA[Generación Año Cero]]></category>
		<category><![CDATA[literatura cubana]]></category>
		<category><![CDATA[literatura cubana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[poetas cubanos]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: Jamila M. Ríos Soy una isla que contiene una isla que desanda una isla que se estrecha… Infinitamente.[2] Michel Trujillo D de didascalia, de décadas como bó(ved)as abiertas Justo en 2005 Raúl Tápanes –al recorrer temerariamente la poesía cubana de 1959 a acá, como si las antologías de una década marcaran la siguiente–, y en 2008 Yanelys Encinosa –al bojear Queredlas cual las hacéis–, caracterizaron de modo heterogéneo la estación poética reciente.[3] Es cuanto menos sospechoso que sus esbozos de ese período se asemejen…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/G.A.0.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4134" title="G.A.0" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/G.A.0-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Por: Jamila M. Ríos</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>Soy una isla que contiene una isla que desanda una isla</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>que se estrecha…</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Infinitamente.</em><a href="#_ftn2">[2]</a><em> </em></p>
<p style="text-align: right;">Michel Trujillo</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>D</strong> de didascalia, de décadas como bó(ved)as abiertas</p>
<p>Justo en 2005 Raúl Tápanes –al recorrer temerariamente la poesía cubana de 1959 a acá, como si las antologías de una década marcaran la siguiente–, y en 2008 Yanelys Encinosa –al bojear <em>Queredlas cual las hacéis–,</em> caracterizaron de modo heterogéneo la estación poética reciente.<a href="#_ftn3">[3]</a> Es cuanto menos sospechoso que sus esbozos de ese período se asemejen a las perspectivas manejadas por otros críticos entre 2003 y 2004, al definir la poesía de los 90 en <em>La </em><em>Gaceta</em><em>…</em> y <em>Upsalón</em> (Dorta, Arango, Espinosa); y que asimismo todos coincidan en parte con los textos de otros postnovísimos que en 2006, sin conexión aparente –Nöel Castillo primero (en la trinchera digital) y luego Aymara Aymerich (fuera de las fronteras de la Isla)–, fueron movidos a definirse, ya porque se lo exigían los encuadres de nuestro campo literario, ya para presentarse en sociedad (latinoamericana, mexicana). Suele decirse que no ha pasado nada de la oleada finimilenarista a los años 0; lo cierto es que junto a la escritura incesante de los de antes o después, la época de los plaquets (plagada de libros inéditos) sigue mostrando sus huellas en la publicación y promoción poéticas, complicando cualquier intento de paneo o crítica.<a href="#_ftn4">[4]</a></p>
<p>De ahí, como de la naturaleza del entramado literario, estos años comunicantes de nombres llenos de prefijos. Y de ahí que, superpuestos sobre el <em>Retrato…</em> de aquella década prodigiosa, en los años 0 se siga identificando el paso de “la poesía de exaltación y deslumbramiento” (Arango), al “conocimiento desesperanzado” (Enrique Saínz), tanto como la presencia del “coloquialismo”, el “autismo” y la “ex-centricidad”, junto a la carencia de voluntad fundacional, de “poetas-fuertes” o de reescrituras de textos padre o madre (si bien no falta quien insista en escribir aún entre Monte y Trocadero, entre una <em>palma sola</em> y otra <em>negra,</em> o mirando hacia esa <em>Diáspora</em>(s), que tachando el origen devino trágica o hilarantemente en mito fundador).</p>
<p>Asimismo, bien alejados del concepto generacional de Ortega y Gasset o José Antonio Portuondo, los 90 y los años 0, esas dos décadas abiertas, a su decir o al de la crítica, comparten varias carencias voluntarias: ni liderazgos ni amansamientos grupales ni debate ni choque generacional ni evento polémico ni plataforma ideoestética ni utilidad ideológica ni manifiesto literario.<a href="#_ftn5">[5]</a> Incertidumbre, desequilibrio y sangres, más bien diluidas… en el aislamiento hacia lo individual, hacia La voz; preocupación que incluso textualiza José Raúl Oromí (Trinidad, 1991): “yo apenas soy”, “yo, sólo agua”, “no hay nada seguro/ yo estoy solo/ y termina/ la/ ceremonia”.<a href="#_ftn6">[6]</a> Por otro lado, ambas décadas conciertan en ciertos rasgos postmodernos: difuminación del enunciador, fragmentación, versolibrismo y experimentación con rimas y formas estróficas tradicionales (décima, soneto, haiku; ahora con Abel González Mello, Mariene Lufriú, Rafael Álvarez…). Sin embargo, de las vueltas por los “laberintos escriturales”, donde otros fueron asfixiados por “los traumas de la insularidad”, considero que varios escapistas han logrado evadirlas en los años 0, gracias a distintas claves o ventanas, que se combinan en un montaje y desmontaje intermitentes (un vaivén, un e<em>ntraisale)</em>. El “objetivismo” (Javier Marimón, Marcelo Morales),<a href="#_ftn7">[7]</a> la ironía y lo lúdico (Aymara Aymerich, Legna Rodríguez Iglesias, Gelsys M<sup>a</sup> García Lorenzo), la huida, hacia el útero a veces. El diálogo constante no solo con Dios (Lionel Valdivia, Moisés Mayán, Anisley Miraz, Yanelys Encinosa), o con Frida Khalo, Alejandra Pizarnik, Camille Monet, Sylvia Plath y otras caídas (Isaily Pérez, Annia Alejo, Eilyn Lombard, Anisley Negrín, Elaine Vilar, Cindy), sino con tradiciones o estancias poéticas y filosóficas que rebasan la Isla (Adalberto Santos, Lizabel  Mónica, Leonardo Sarría, Yoandy Cabrera, Susana Haug). La continuación de un “fabulismo”<a href="#_ftn8">[8]</a> que, como el teatro cubano, se traviste con voces históricas, bíblicas, literarias, míticas… para decirle sin decir a la serie de lo político;<a href="#_ftn9">[9]</a> y un zoolecto que como el de <em>Diáspora</em>(s) trafica con animales para expulsar su bilis (Oscar Cruz, Leonardo Figuera, Liuvan Herrera Carpio, Sergio García Zamora). Un tamborileo y una mordacidad que emparentan con los ejercicios del sexo y del servicio militar, con el hiphop y el reguetón y que, como la música cubana actual, tienen de seguidilla según los musicólogos: una avanzadilla sintáctica contra el almidón del lenguaje (Oscar Cruz, Yansy Sánchez, Leandro Báez, Javier L. Mora, Maikel Iglesias, Alain Alba). Ni miedo a dibujar caligramas filosos (Marcel Lueiro) ni miedo a escribir, venciendo claustrofobias, a través de los recuerdos de la infancia (Yunier Riquenes, Yanier H. Palao). Ni miedos a la relectura de la Historia (Oscar Cruz, Leymen Pérez) o a la deconstrucción de La Vana (Osmany  Oduardo); ni ascos a la eticidad o a la poesía de amor (Mariene Lufriú). De la reescritura de los extraños pueblos de la Isla (Evelio Traba, Maylan Álvarez, Missael Acosta), a la revelación diáfana, de ruinas o frondas pacientemente segadas (Sergio García Zamora, Irina Ojeda, Fabián Suárez). De la fundación lírica de otro archipiélago (Michel  Trujillo) al cuidadoso bordado de un hojaldre que es rosa o (es)tela flotando sobre el bosque, donde palpitan miedos y reminiscencias, y dejan una especie de hundimiento los cuerpos que se han amado, como las figuras vaciadas de los daguerrotipos (Luis Yuseff, Isaily Pérez). Conviviendo con esto, textos transgenéricos, atravesados por una fuerte narratividad: absurdos minicuentos seccionados en verso (Legna Rodríguez Iglesias), viñetas (Gelsys M<sup>a</sup> García Lorenzo) y textos de canto cruento, donde se desuella, abre y muestra “sin corteza”, incompleto, suyo y desconocido de sí, el cuerpo en proceso (de cauterización), un “cuerpo expuesto” –como pedía Jean-Luc Nancy.<a href="#_ftn10">[10]</a> Tal poesía, muchas veces en prosa, ostenta y dicta al cuerpo como materia o manifiesto de escritura, como si solo la llaga diera intensidad a la voz (Oscar Cruz, Yansy Sánchez, Youre Merino y hasta ciertas <em>Pústulas</em> pasadas de contrabando).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>E</strong> de escapistas y d<strong>e</strong>…</p>
<p>Entrecortada en los esteros, en sus destierros, la isla de Arenas sobrenada, sobrevuela y es… puente, azadón, arroba/ corcho, gaviota/ cuchillo, caguayo, garabato.</p>
<p>Lo más cortante ha de estar por llegar, por navegar… cuando prenda la feria de luces de los <em>links</em> en el Mar de los Sargazos: el centelleo de la deliciosa redecilla descentrada,  anunciando la proliferación de un archipiélago subterráneo –debajo de otro archipiélago. Ahora que es cada vez más cuestionada la posibilidad de leer poesía, ¿y si estas voces, que a veces apelan a la anáfora, al dibujo retocado del edificio de los versos, para exigir la atención en la ciudad plagada de carteles…, tuvieran un encuentro virtual con los blogueros de la plataforma <em>Voces cubanas?</em> No soy una evolucionista, pero me encantaría ver –como he oído la poesía sin fin de OMNI: minada por incesantes géneros musicales– cuando llegue la hora de los injertos de lo hipertextual en la poesía. Encontrado con el ritmo telegráfico de los sms, de los <em>twitters</em>, el verso habrá de tentar la periferia de otros géneros (diarios, cartas, ensayos, testimonios, catálogos, <em>notepads).</em> Se ha de poder leer (y escribir), de una sentada, el libro como poema. Yo no escatimaría en bricolajes, por recuperar a la poesía como m/rito, como espacio performático, como experiencia corporal, pictórica, sonora. Salivemos, dilatemos las bocas. Pero cuidado. “Un poeta dub nunca acepta bandas plateadas” (Leandro Báez). Hay una orfandad, “una cabeza por fin descoronada” que han de permanecer. En una parábola de diez años, alguien se pregunta “adónde llegaría una pelota lanzada con fuerza tal que rompe esta ventana; en el vacío?” (Javier Marimón), y puede que encuentre la respuesta. “Un túnel, hay un túnel./ Otra vida./ Cristales no detengan la caída” (Dariel E. Martín).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fin.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Foto: Ahmel Echevarría</strong></p>
<div>
<hr size="1" />
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<p><a href="#_ftnref1">[1]</a> El final del título de este texto (parcialmente actualizado tras su primera publicación, en julio-agosto de 2011, en <em>La </em><em>Gaceta</em><em> de Cuba)</em> se apropia de un verso de Lilisbet Morales (“El fin de todas las cosas”, <em>Silencio anterior a todo ruido.</em><em> </em><em>Selección de poetas avileños, </em>comp. Herbert Toranzo y Elías Henoc, Ed. Ávila, Ciego de Ávila, 2008).<em> </em></p>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref2">[2]</a> Michel Trujillo González: <em>Cántico de las islas penúltimas,</em> Ediciones Unión, 2006, p. 19.</p>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref3">[3]</a> Raúl Tápanes: “Poesía cubana actual: mitos, viajes y emplazamientos medievales” &lt;http://raultapanes.cubaunderground&gt;, revista<em> Arique, </em>no. 16-17, jul.-dic. 2005 [18/11/11].<em> </em>El texto de 2008 de Yanelys Encinosa: “XXI razones para quererlas. (Aproximaciones a la más joven poesía femenina cubana, desde la antología <em>Queredlas</em> <em>cual las hacéis. XXI poetisas cubanas del siglo xxi</em>)”, a cuya autora agradezco la consulta de un centenar de poemarios y varios textos críticos, puede encontrarse en Cubaliteraria, donde fue publicado en 2009; cfr. &lt;http://www.cubaliteraria.com&gt;.</p>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref4">[4]</a> Arturo Arango: “Existir por más que no te lo permitan. Lectura de una poesía dispersa”, <em>La </em><em>Gaceta</em><em> de Cuba,</em> La Habana, no. 6, nov.-dic. 2003, pp. 22-5. // Walfrido Dorta: “Algunos estados, estaciones, documentos. Poesía de los 80 y 90”, <em>La</em> <em>Gaceta</em><em> de Cuba,</em> no. 6, La Habana, nov.-dic. 2003, pp. 8-14. // Norge Espinosa: “Un asunto de fe: poesía cubana actual. (Dos fechas: 1998-2004, y 1944-2004: sesenta años de Orígenes.), revista virtual <em>La Habana</em><em> elegante, segunda época </em>(jul. 2004),  &lt;http://www.habanaelegante.com&gt;, [6/11]. // Aymara Aymerich: “Digo lo que Digo” (discurso en el Zócalo, México D.F., 8 de octubre de 2006), revista <em>Archipiélago</em>, México D.F., 2007. // Noël Castillo: “Materia reciclable”, en <em>Hacerse el cuerdo,</em> publicación digital del CP de la UNEAC, Villa Clara, año 2. no. 4, junio de 2006, &lt;http://www.cenit.cult.cu&gt;, [3/11].</p>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref5">[5]</a> En <em>Pola</em><em>ro</em><em>id,</em> por ejemplo, que sí adujo lo que no quería (ha)ser, se unieron por 2003, en una <em>liberatura</em> irónica, una instantánea efímera, más bien narradores: Ariadna Rengifo, Raúl Flores, Adriana Zamora, Ahmel Echevarría, Jorge Enrique Lage. Tampoco más recientemente entre los <em>ezine</em><em>ro</em><em>s</em> de <em>TREP </em>puede decirse que hubiera poetas (la poesía de Orlando Luis Pardo, cuya escritura por cierto es cada vez más narrativa y periodística, se halla casi inédita)<em>. </em> <em> </em></p>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref6">[6]</a> <em>Emanaciones del viento,</em> Ediciones Luminaria, Sancti Spíritus, 2009, pp. 13, 41, 32.</p>
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<div>
<p><a href="#_ftnref7">[7]</a> El concepto es introducido por Tápanes respecto a Marimón. En realidad, aparte de una temática atravesada por parodias y reacomodaciones del materialismo dialéctico y otras filosofías, que denuncian su lugar de enunciación, Morales inscribe los objetos de modo similar al del <em>nouveau </em><em>ro</em><em>man, </em>que tiene por paradigma <em>La celosía </em>(Alain Robbe-Grillet),<em> </em>la mirada del cine.</p>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref8">[8]</a> Tradición que se remite a los sesenta, con los fabulistas de la cuentística cubana.</p>
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<div>
<p><a href="#_ftnref9">[9]</a> Según las pesquisas de Tápanes, las escrituras publicadas en Cuba deberían leerse teniendo en cuenta no solo los emplazamientos medievales, sino que su selección depende de patrones estéticos impuestos por una política cultural que las lee desde su relación con el universo supratextual donde actúan la política y la ideología (Víctor Fowler). Estos enmascaramientos burlan, sin embargo, todo <em>ex libris.</em></p>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref10">[10]</a> Jean-Luc Nancy: <em>58 indicios del cuerpo. Extensión del alma, </em>trad. y postfacio Daniel Álvaro, La Cebra, Buenos Aires, 2007, p. 33, p. 66.</p>
</div>
</div>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>ABCDesmontaE. Los Años Cero y yo: Este cadáver feliz[1] (II)</title>
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		<pubDate>Tue, 21 May 2013 20:03:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jamila M. Ríos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<category><![CDATA[Generación Año Cero]]></category>
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		<description><![CDATA[Por: Jamila M. Ríos Soy una isla que contiene una isla que desanda una isla que se estrecha… Infinitamente.[2] Michel Trujillo C de campo cultural sin canon Si un problema de lectura presenta esta veta de mercurio, además de su tempranía, es su naturaleza inasible: una fractura que rechaza ser mirada como composición no solo por la postulación de sus autores sino por el campo cultural en que se injertan. Se trata de textos esparcidos entre premios (provinciales o no) anuales o bienales, y entre…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/Nadando-bajo-la-lluvia1.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4133" title="Nadando bajo la lluvia" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/Nadando-bajo-la-lluvia1-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Por: Jamila M. Ríos</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>Soy una isla que contiene una isla que desanda una isla</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>que se estrecha…</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Infinitamente.</em><a href="#_ftn2">[2]</a><em> </em></p>
<p style="text-align: right;">Michel Trujillo</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>C</strong> de campo cultural sin canon</p>
<p>Si un problema de lectura presenta esta veta de mercurio, además de su tempranía, es su naturaleza inasible: una fractura que rechaza ser mirada como composición no solo por la postulación de sus autores sino por el campo cultural en que se injertan. Se trata de textos esparcidos entre premios (provinciales o no) anuales o bienales, y entre revistas (capitalinas o no) dedicadas a toda temática cultural; hasta que en Oriente y Occidente, otras dos publicaciones de/sobre poesía insular y universal, <em>La noria</em> y <em>Amnios –</em>cuyo segundo número irrumpió con “De dónde son los cantantes”, dossier de poesía joven santiaguera, y que posteriormente ha difundido selecciones de poesía villaclareña u holguinera (cfr. n. 7 y 8)–,<a href="#_ftn3">[3]</a> llegaron cortando la respiración en 2010, rompiendo el autismo y la soledad de <em>La isla infinita.</em> Se trata de asaltar los “emplazamientos medievales”,<a href="#_ftn4">[4]</a> y de colocar un libro o colarse en una antología –no necesariamente juvenil–, a ratos municipal (Bejucal, San Luis, Ariguanabo, Trinidad, Songo-la Maya, San Nicolás de Bari, Cabaiguán), o temática (que canta a Martí, al Che, a Guillén, a Lezama, a Baquero, a Santiago, a la pelota…). Contra toda desventaja promocional, se trata pues de por lo menos estar entre los más de 3000 libros impresos en Risograph del 2000 acá, y de nacer con suerte en una de esas regiones de cuidadosas portadas (Cauce, Mecenas, Reina del Mar, La  Luz, Sed de Belleza…), sino en una que haya antologado a los suyos en los años 0. Así <em>Poetas en Matanzas VI</em> (2005), que abarca a los nacidos hasta 1977; así Reina del Mar con <em>Viajando al Sur</em> (2006), que los incluye hasta 1986; o Ávila, que con <em>Cuarto creciente</em> (2007) y <em>Silencio anterior a todo ruido </em>(2008), entre poesía femenina o inédita, expandió sus límites hasta 1990; o Ácana en Camagüey, con <em>Sombras que solo yo veo. Selección de poesía</em> (2010), que traza un arco de los nacidos entre 1969 y 1985; y asimismo Holguín, con <em>Puente del tiempo…</em> (2006), <em>El sol eterno. Antología de jóvenes… </em>(2009),<em> </em>y <em>La isla en versos. Cien poetas cubanos… </em>(2011).</p>
<p>Dentro o más allá de la provincia, el panorama se ilumina y adensa con criterios de antologación singulares (talleristas cienfuegueros y sonetistas santiagueros, poetisas-decimistas orientales, décima erótica cubana, poesía cubana de tema religioso, y poet(is)as una y otra vez). Más allá de la Isla, se trata de una inaccesibilidad rota y recrudecida, a inicios del milenio, por antologías editadas en el extranjero: <em>L´ochio della luce. Antologia di poeti e artista cubani,</em> <em>Heridos por la luz. Muestra de poesía cubana contemporánea </em>(Guadalajara), e <em>Isla. Las Islas. Una antología sentimental,</em> de canario-cubanos; así como de la específica promoción hecha por antologías psicoanalíticas de la poesía o la décima “cósmicas” de Matanzas u Holguín, (arque)típicas de Fredo Arias de la Canal. Influye también en la fantasmagoría la particularidad de selecciones más recientes y sintéticas, que –poniendo mar por medio– van a internarse lo mismo en Uruguay (<em>El manto de mi virtud, </em>2011) que en Córdoba (<em>Dejar atrás el agua. Nueve nuevos poetas cubanos, </em>2011), en Venezuela (<em>Rosa caribe. Poesía de Venezuela y Cuba, </em>2011) que en Ecuador (<em>Distintos modos de evitar a un poeta: poesía cubana del siglo xxi, </em>2012), o en México (<em>Las ondulaciones permanentes: última poesía cubana, </em>2013),<a href="#_ftn5">[5]</a> para regresar luego despacio, casi de incógnito a casa, y circular más entre sus autores que entre otros lectores posibles. Finalmente, al encuentro con el público lo resquebraja que muchos de los asiduos a las tertulias –ese abortado diálogo, ese sucedáneo de los hoy idílicos Talleres Literarios–, acudan allí más bien a la espera de leer sus textos…</p>
<p>La veta se halla pues en un panorama desértico y lunar. De la <em>fiesta innombrable</em> al “festín de libélulas desmembradas” (Ana Ivis Juan), pareciera que atravesáramos la sabana insomne de Camagüey para llegar a aquel pa(i)saje de <em>Vesania </em>(2005), donde la maquinaria</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dividió su cuerpo, lo unió, formó una masa compacta, y al final se descompuso. Rota la conexión materia-espíritu, el cuerpo dio vueltas mientras el alma flotaba muy cerca del techo. Días después, el cuerpo accionó la maquinaria, y se escuchó la melodía de una antigua canción infantil. Cada vez que los miembros intentaban unirse, la música se hacía más escandalosa. Al final de la tarde era solo una nota desafinada, repetida infinitas veces (Gelsys M<sup>a</sup> García Lorenzo).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Continuará.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Foto: Daniel Mazorra</strong></p>
<div>
<hr size="1" />
<div>
<p><a href="#_ftnref1">[1]</a> El final del título de este texto (parcialmente actualizado tras su primera publicación, en julio-agosto de 2011, en <em>La </em><em>Gaceta</em><em> de Cuba)</em> se apropia de un verso de Lilisbet Morales (“El fin de todas las cosas”, <em>Silencio anterior a todo ruido.</em><em> </em><em>Selección de poetas avileños, </em>comp. Herbert Toranzo y Elías Henoc, Ed. Ávila, Ciego de Ávila, 2008).<em> </em></p>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref2">[2]</a> Michel Trujillo González: <em>Cántico de las islas penúltimas,</em> Ediciones Unión, 2006, p. 19.</p>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref3">[3]</a> Resultan de interés estos dossiers sucintos de poesía escrita por jóvenes, trazados desde esos territorios a petición de la revista. Incluye el santiaguero a Eduard Encina, Oscar Cruz, Yunier Riquenes, Yansy Sánchez, Leandro Báez y Javier L. Mora; mientras el holguinero aúna a: Luis Yuseff, Youre Merino, Kiuder Yero, Dáykel Angulo, Irela Casañas, Yanier H. Palao, Fabián Suárez y Moisés Mayán; y el villaclareño a: Isaily Pérez, Anisley Negrín, e Isbel G.</p>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref4">[4]</a> Concepto controversial; puede conectarse con la obligada fragmentariedad que se origina con las editoriales provinciales:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La dificultad en la transportación –es decir, la imposibilidad del viaje más común–, los problemas en la comunicación y difusión cultural, convirtieron la isla en un archipiélago de emplazamientos medievales. La paralización primero, y la fragmentación después del proceso editorial, junto al alto precio de los libros y los reducidos tirajes, han traído como consecuencia el desconocimiento mutuo, la pérdida de visibilidad del conjunto. Poco se sabe en la capital de lo que se hace en provincias y poco llega a aquellas a través de las escasas publicaciones nacionales, controladas además por los ejecutores de la poética oficialmente reconocida (Raúl Tápanes: “Poesía cubana actual: mitos, viajes y emplazamientos medievales”).</p>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref5">[5]</a> El canon uruguayo, junto a poetas de allá, incluye casi todas las provincias cubanas (menos Las Tunas e Isla de la Juventud): Osmany Echeverría, Yanelys Encinosa, Elaine Vilar, Leymen Pérez, Maylén Domínguez, José Miguel Gómez, Isaily Pérez, Isbel G., Leydi Vidal, Legna Rodríguez Iglesias, Lionel Valdivia, Luis Yuseff, Yunier Riquenes, Oscar Cruz, José Ramón Sánchez. El cordobés, cuyo nombre parece remedar aquellos <em>Nueve poetas cubanos </em>de Mondadori, repite cuatro autores (O. Cruz, Y. Riquenes, L. Rodríguez Iglesias, L. Pérez) y añade otros (René Coyra, Teresa Fornaris, Eduard Encina, Alejandro Ponce y Karel Bofill). El venezolano agrupa –como el uruguayo– a poetas de allá y de acá; de nuevo a Y. Encinosa, I. Pérez, O. Cruz, Y. Riquenes, L. Yuseff, e incluye a Katia Gutiérrez, Irina Ojeda, Alexander Aguilar López, Mariene Lufriú, Karel Leyva, Yansy Sánchez y Jamila Medina Ríos. El de Guayaquil –hecho por la propia Lizabel Mónica y un poco desentendido de las edades– apuesta hasta por la poesía performática, e incluye a L. Rodríguez Iglesias, L. Pérez, Y. Riquenes, L. Yuseff, L. Mónica, O. Cruz, J. R. Sánchez, J. Medina Ríos, Liudmila Quincoses, Nailé Piñeiro, Yanier H. Palao, Marcelo Morales, Michael H. Miranda, Pablo de Cuba Soria, Isbel G., Daniel Díaz Mantilla, Yansy Sánchez, Nara Mansur, Edwin Reyes, Sinecio Verdecia, Grisel Echeverría, Néstor Cabrera Quesada, Luis Eligio Pérez, Jeny Palenzuela y Amaury Pacheco. En el mexicano –hecho a dos manos por Luis Yuseff y por el escritor chileno Javier Norambuena– se hallan: Youre Merino, Frank Castell, José Alberto Velázquez, Ariel López Home, Liuvan Herrera Carpio, Fabián Suárez, Y. H. Palao, Eliécer Almaguer, Moisés Mayán, Osmán Avilés, Adalberto Santos, e Isbel G., L. Yuseff, K. Bofill, M. Lufriú, O. Echeverría, L. Pérez, I. Pérez, L. Rodríguez Iglesias, Y. Encinosa, J. Medina Ríos, Y. Riquenes.</p>
<p>A estas antologías pueden añadirse algunos dossiers o panoramas, esbozados de una a otra punta de la Isla. En diciembre de 2011, por el XXV aniversario de la AHS, la revista guantanamera <em>El Mar y la Montaña,</em> ofreció –al cuidado del narrador Eldys Baratute– la selección “25 poetas por la conquista de un lector”, que incluyó a Annia Alejo, Isván Álvarez, Maylan Álvarez, Abel González Mello, Iván Grizzle, Anisley Negrín, Anyce Figueroa, Ricardo J. López y Dáykel Angulo, además de a I. Pérez, Isbel G., L. Yuseff, L. Valdivia, O. Echeverría, K. Bofill,  O. Cruz, Y. H. Palao, L. Herrera Carpio, Y. Riquenes, Y. Encinosa, M. Mayán, S. García Zamora, L. Rodríguez Iglesias, M. Lufriú y L. Pérez. En 2012, desde y para el propio DF, tracé o ayudé a trazar un par de mapas (aún no publicados) de las más recientes escrituras de la Isla. El primero, para la revista <em>Punto de partida,</em> de la UNAM, fue hecho a cuatro manos con el escritor mexicano Leonardo Martínez, quien pretendía juntar una muestra de la poesía escrita por los cubanos nacidos en los 80; así resultaron compilados: E. Vilar (1989), M. Lufriú (1988), Gelsys M<sup>a</sup> García Lorenzo (1987), S. García Zamora y K. Bofill (1986); L. Rodríguez Iglesias (1984), M. Mayán y Y. Encinosa (1983), Y. Riquenes (1982), Y. Sánchez, F. Suárez y L. Herrera Carpio (1981). El segundo mapa –hecho en solitario, para la revista <em>Viento en vela– </em>abarca varios géneros y 19 autores: nuevamente G. M<sup>a</sup> García Lorenzo, L. Rodríguez Iglesias, K. Bofill y S. García Zamora, además de Javier L. Mora, L. Mónica, Yanier H. Palao, O. Cruz y Larry J. González, en poesía; en narrativa: Ahmel Echevarría, Raúl Flores, Dazra Novak, Abel Fernández-Larrea, Anisley Negrín, Jorge Enrique Lage, Osdany Morales; en ensayo: Ariel Camejo y Orlando Luis Pardo Lazo; y en teatro: F. Suárez.</p>
</div>
</div>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>ABCDesmontaE. Los Años Cero y yo: Este cadáver feliz[1] (I)</title>
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		<pubDate>Sun, 19 May 2013 19:08:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jamila M. Ríos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[escritores cubanos]]></category>
		<category><![CDATA[Generación Año Cero]]></category>
		<category><![CDATA[literatura cubana]]></category>
		<category><![CDATA[literatura cubana contemporánea]]></category>
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		<description><![CDATA[Por: Jamila M. Ríos Soy una isla que contiene una isla que desanda una isla que se estrecha… Infinitamente.[2] Michel Trujillo A de años 0 No creo en r/de-generaciones sino en estados poéticos, pero he comprobado que soy también una máquina de cálculo y de muerte. Llegado el momento puedo entrar a la morgue. A diseccionar los cuellos y textos de los “nacidos en(tre)”… para un boceto poético postmortem de los años 0. Intentar testar sus archipiélagos: desde la cama-isla (Alain Alba) a la isla…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/El-vuelo-del-gato.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4130" title="El vuelo del gato" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/El-vuelo-del-gato-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Por: Jamila M. Ríos</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>Soy una isla que contiene una isla que desanda una isla</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>que se estrecha…</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Infinitamente.</em><a href="#_ftn2">[2]</a><em> </em></p>
<p style="text-align: right;">Michel Trujillo</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>A</strong> de años 0</p>
<p>No creo en r/de-generaciones sino en estados poéticos, pero he comprobado que soy también una máquina de cálculo y de muerte. Llegado el momento puedo entrar a la morgue. A diseccionar los cuellos y textos de los “nacidos en(tre)”… para un boceto poético postmortem de los años 0. Intentar <em>testar </em>sus archipiélagos: desde la cama-isla (Alain Alba) a la isla suelta de raíz, de plancton (Taimí Diéguez), a la patria como estancia (Aymara Aymerich)… del guisazo de caballo (Legna Rodríguez Iglesias) y del caballo de mar (Liuvan Herrera Carpio): islas de playas memorables, azules y sonoras (Isaily Pérez), donde los soles pasan (Ariel Home), y los barcos son ciudades que se marchan (Alián Cárdenas) de la isla cicatriz (Ana Ivis Juan), patria en el fondo (Niurka Valdés) o vientre de cetáceo (Karel Leyva), hacia las islas penúltimas (Michel  Trujillo): islas de papel (Taimí Ocampo) donde partimos (a) nueces de varias patrias (Yansy Sánchez). De la isla de tierra firme (Yanelys Encinosa) a la flor aplastada del país (Karel Bofill): boqueando entre el mar y la montaña, por los salones de emergencia (Ricardo J. López), entre el pezespada y la pared, de aburrimiento y aerosol transida (Anyce Figueroa, Dáykel Angulo); de la isla pantano, abismo aferrándose a una rama (Osmany  Oduardo), a la isla mano de novia (Maikel García) amarrada, dulcísima y fina (Cecilio Herrera): la que aguarda (Osmany Echeverría), ¿sumid/sa? en la resaca de sus pasiones tediopúrpura (Isbel González), contra el verde mar de hojas caídas (Leidy Vidal), junto a las cóncavas naves (Leonardo Sarría). Isla de somnolencias (Yannit Pozo): en el sopor, la imaginada (Miguel Ángel Ochoa), la noctámbula (Noelys González), la solar (Yunior Felipe) –¿isla placer?– y la pensada en frío (Javier Marimón, Marcelo Morales) o bañada por corrientes coloniales (Leymen Pérez), en la misma agua que sostiene a los ahogados (Irela Casañas): carne de isla (Reinhardt Jiménez), isla de piel (Isván Álvarez), isla tocada con muérdago (Liudmila Quincoses) o con vómito (Víctor M. Marrero): esta mancha de pez que va quedando al fondo del paisaje (José Alberto Velázquez), isla de la otra orilla (Anisley Miraz), esa fuga de isla (Luis  Yuseff) repatriada (Fabián Suárez). Como acordes desprendidos de <em>El</em> <em>arpa y la sombra:</em> advocaciones, hipóstasis, (di)vagaciones de una isla sobrescrita, que ha devorado lo que la sostenía (Yamicela Torres).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>B</strong> de bastos</p>
<p>Cruzar el cordón de hierro. Enviar e-mails (me gustaría haber puesto “telegramas”) a los puntos del país (Habana Vieja-Madriguera-Holguín-Ciego-Vedado) donde yo (enclaustrada en La Vana, bordeando las playas de este a oeste) todavía respiro. Pedir poesía y no obtenerla hasta encarar el eterno insondable de los criterios de exclusión. Plantar estancos que debieran ser de encaje: escritores de (y no solo desde) Cuba, 1975 máxime, con textos salidos, en antología o libro, después del <em>Cuerpo…</em> a cuerpo, más allá de <em>Los parques&#8230;</em><a href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>Escribir convencida de mi falta de ubicuidad: la culpa oblicua de cualquier repaso. Oteando al sesgo, cribo lo que (no) tengo, busco la pez: lo que me mancha o marca como hierro candente. Mas, preocupada por lo que es <em>independiente de mi conciencia social,</em> detengo la escritura en pánico y me voy a hacer la calle. Tras husmear por librerías en incursiones magras y frustrantes, acampo en el Centro Dulce María Loynaz, logro que me permitan revolcar los estantes… hasta apilar unos 110 poetas. Con la mugre clavada entre uña y piel, con los brazos deshechos, corto el mazo de libros, los acoso, echo sus suertes otra vez&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Continuará.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Foto: Ahmel Echevarría</strong></p>
<div>
<hr size="1" />
<div>
<p><a href="#_ftnref1">[1]</a> El final del título de este texto (parcialmente actualizado tras su primera publicación, en julio-agosto de 2011, en <em>La </em><em>Gaceta</em><em> de Cuba)</em> se apropia de un verso de Lilisbet Morales (“El fin de todas las cosas”, <em>Silencio anterior a todo ruido.</em><em> </em><em>Selección de poetas avileños, </em>comp. Herbert Toranzo y Elías Henoc, Ed. Ávila, Ciego de Ávila, 2008).<em> </em></p>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref2">[2]</a> Michel Trujillo González: <em>Cántico de las islas penúltimas,</em> Ediciones Unión, 2006, p. 19.</p>
</div>
<div>
<p><a href="#_ftnref3">[3]</a> Esta decisión se vuelve sobre todo problemática, no solo porque incluye poéticas ya o casi “hechas” en los años 0 (Liudmila Quincoses, Javier Marimón, Osmany Oduardo), mientras relega innumerables poéticas vivaces como las Wendy Guerra o René Coyra (1970), Yanira Marimón o Norge Espinosa (1971), George Riverón o Arlén Regueiro (1972), José Félix León, Israel Domínguez o Pablo Guerra (1973), Michael H. Miranda, Gleyvis Coro o Kenia Leyva (1974)… varios de los cuales viven en la diáspora; además, el criterio obvia a quienes obtuvieron premios como el Calendario durante los años 0 (Herbert Toranzo, Ian Rodríguez, Luis Felipe Rojas) o a otros cuyo sitio en el campo intelectual los acerca a los nacidos en los 80 (José Ramón Sánchez, Sinecio Verdecia).</p>
</div>
</div>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Esther en alguna parte, más allá de la nostalgia y el homenaje</title>
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		<pubDate>Thu, 16 May 2013 18:20:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio Enrique González Rojas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
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		<description><![CDATA[Por: Antonio Enrique González Rojas El gratificante retorno del actor Reynaldo Miravalles a la pantalla cubana, como dulce oda a la concordia nacional en el arte, no es el único mérito que puede abrogarse la reciente cinta cubana Esther en alguna parte (Gerardo Chijona, 2013), donde el personaje protagónico de Lino Catalá, encarnado por Miravalles, cuenta con la muy simpática contrafigura del Arístides Antúnez o Larry Po (o mil nombres más) asumido por Enrique Molina. Decidido a sacudirse de una vez el estereotipo de patriarca…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/esther-en-alguna-parte_1.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4165" title="esther en alguna parte_1" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/esther-en-alguna-parte_1-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a><br />
</em></p>
<p><strong>Por: Antonio Enrique González Rojas</strong></p>
<p>El gratificante retorno del actor Reynaldo Miravalles a la pantalla cubana, como dulce oda a la concordia nacional en el arte, no es el único mérito que puede abrogarse la reciente cinta cubana <em>Esther en alguna parte </em>(Gerardo Chijona, 2013), donde el personaje protagónico de Lino Catalá, encarnado por Miravalles, cuenta con la muy simpática contrafigura del Arístides Antúnez o Larry Po (o mil nombres más) asumido por Enrique Molina.</p>
<p>Decidido a sacudirse de una vez el estereotipo de patriarca retrógrado y gruñón que lo ha signado durante la última década en la fílmica criolla, desde <em>Video de familia </em>(Humberto Padrón, 2002) hasta <em>El cuerno de la abundancia</em> (Juan Carlos Tabío, 2009) y <em>Lisanka</em> (Daniel Díaz Torres, 2009), el actor echó mano de su versatilidad para dar un timonazo histriónico casi tan brusco como el suscitado en los minutos iniciales del cortometraje <em>Exit</em> (Eduardo del Llano, 2011) cualificando artísticamente la producción de marras, más allá de las innegables implicaciones nostálgicas y evocativas que supusieron reunir alrededor del inolvidable Pedro “cero por ciento” (<em>De tal Ped</em><em>ro</em><em> tal astilla</em>, de Luis Felipe Bernaza, 1985) a toda una “horda” de notables figuras pervivientes de la cinematografía cubana de las últimas tres décadas, como Daisy Granados, Eslinda Núñez, Alicia Bustamente, Verónica Lynn, Miriam Learra, Raúl Pomares, además de Elsa Camp, Paula Alí y los más recientes pero igualmente cardinales Luis Alberto García (Hijo) y Laura de la Uz.</p>
<p>Verdadera y trascendente sorpresa guardada por <em>Esther…</em> para los espectadores, el bufonesco caracter de Molina, quien se entenebrece paulatina y orgánicamente hasta alcanzar verdaderas dimensiones trágicas hacia el final de la obra, resulta suerte de detonante vital, explosivo saboteador de la monótona existencia del viudo Lino. Se articulan ambos en una suerte de pareja quijotesca en pos del aventurero descubrimiento de la doble vida llevada por la difunta esposa de quien fuera impresor de la revista <em>Orígenes</em>, guiño cultural curioso, pero dramatúrgicamente irrelevante a la larga, y de la ideal doncella Esther, amada del charlatán cirquero.</p>
<p>El engarce simbiótico de personajes inicialmente antagónicos que irán “contaminándose” mutuamente hasta permutar personalidades en definitivo acto de exención, adscribe esta cinta basada en la novela homónima de Eliseo Alberto Diego, en la suerte de subgénero o corriente cinematográfica de las “parejas contrastantes” cuyo sino crepuscular está dado tanto por las edades como por las circunstancias aciagas. Inaugurado mucho antes por el propio Miguel de Cervantes con los avatares de Alonso y Sancho, es muy caro para el cine estadounidense, donde tales roles axiales han sido encarnados mil y una veces por los inolvidables Jack Lemmon y Walter Matthau como los Felix y Oscar de <em>The Odd Couple</em> (Gene Saks, 1968); Jeff Bridges (Jack) y Robin Williams (Parry) en The <em>Fisher King</em> (Terry Gilliam, 1991); Tom Hanks y Tim Allen como los Woody y Buzz de la franquicia animada <em>Toy Story</em> (John Lasseter, 1995, 1999 y Lee Unkrich, 2010); Morgan Freeman (Carter) y Jack Nicholson (Edward) en <em>The Bucket List</em> (Rob Reiner, 2007).</p>
<p><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/esther-en-alguna-parte_3.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4166" title="esther en alguna parte_3" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/esther-en-alguna-parte_3-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a></p>
<p><em>Esther…</em>, además de ser un filme soportado en esta colisión-mixtura de caracteres, es una obra de iniciación tardía y redención final de los personajes protagónicos, quienes ven quebradas sus respectivas burbujas cosmovisivas, en las cuales se han protegido por ignorancia, en el caso de Lino, o por miedo, en el caso del multi-travestido Arístides, quien prefiere ser muchos, menos él mismo. Finalmente, con este problemático y gracioso ente, de deslinda Molina de todo el resto de una película a la larga muy irregular en cuestiones de narratividad cinematográfica y estructura dramatúrgica, cuyas acciones y sucesos ocurren y progresan accidentadamente.</p>
<p>Con temblorosa mano es conducida la <em>nao</em> fílmica, de grandes pero apocados potenciales como tragicomedia, reducida muchas veces a una graficación episódica del libreto, que tanto desecha como aprovecha muchas oportunidades significativas. Pletórica está de innúmeros callejones sin salida que atrapan a la audiencia en irresolutos y poco significativos conflictos. Téngase como ejemplo la historia de amor de los jovenzuelos Ismael (Héctor Medina), sobrino de Larry y Sofía (Danae Hernández), subtrama que pudo ser dotada de simbolismo útil para la trama principal sin trascender al final la condición de añadidura parásita e irrelevante; o la realmente lamentable escena del “desenmascaramiento” de Larry por el teniente Chang (Luis Alberto García “Hijo”), sobrino político de Lino que apenas deviene en accesorio facilista para resolver posteriores situaciones, no obstante un poco más útil que su mucho más desaprovechada esposa Ofelia (Laura de la Uz).</p>
<p>Zurcidas están las secuencias con débiles y evidentes hilvanes que delatan una edición apresurada, además de poco sentido de la progresión dramática, algo no extraño a la obra de Chijona: <em>Un Paraíso bajo las Estrellas</em> (1999), <em>Perfecto Amor Equivocado</em> (2004), y <em>Boleto al Paraíso</em> (2011) evidencian una especie de palmaria incapacidad narrativa para concretar a plenitud conflictos inicialmente bien planteados, que luego naufragan en una dispersión casi caótica de sucesos y personajes. A una larga introducción se le apresura un débil clímax y un desenlace poco orgánico aunque no carente de una verdadera gracia, en gran medida acreditada a Miravalles, quien saca a relucir su grandeza de antaño, logrando un plano-secuencia final muy digno. Difícilmente olvidable para la historia emotiva del cine cubano será esta transfiguración conclusiva del decano actor, quien sonríe afectada pero sinceramente y con cierta maliciosa remembranza al Cándido de <em>Alicia en el pueblo de Maravillas</em> (Daniel Díaz Torres, 1990), a una cámara que con regocijo lo vio levantarse de entre la sulfurosa bruma amarilla donde décadas atrás se disolvió su mefistofélico personaje tras caer de un puente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Fotos tomadas de:  Cubahora y Radio rebelde</strong></p>
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		<title>Una mamá con sombrero</title>
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		<pubDate>Wed, 15 May 2013 14:41:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Greity González Rivera</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bitácoras]]></category>
		<category><![CDATA[De la serie Una mujer con sombrero]]></category>
		<category><![CDATA[día de las madres]]></category>
		<category><![CDATA[Elementary School Sandy Hook]]></category>
		<category><![CDATA[Greity González Rivera]]></category>

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		<description><![CDATA[De la serie Una mujer con sombrero Por: Greity González Rivera Lo que aún hoy muchos consideran un estigma, pese a los años de reivindicación social, para mí no lo es. Soy una orgullosa madre soltera de una niña de nueve años. Y soy una madre soltera en el exilio, que es decir un poco más. Y no acabo aquí: soy una madre soltera inmigrante que nunca ha dejado de decir y de hacer lo que siempre ha querido hacer y decir. Y tal vez…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/una-mama-con-sombrero.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4160" title="una mama con sombrero" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/una-mama-con-sombrero-300x168.jpg" alt="" width="300" height="168" /></a></p>
<p>De la serie <em>Una mujer con sombrero</em></p>
<p><strong>Por: Greity González Rivera</strong></p>
<p>Lo que aún hoy muchos consideran un estigma, pese a los años de reivindicación social, para mí no lo es. Soy una orgullosa madre soltera de una niña de nueve años. Y soy una madre soltera en el exilio, que es decir un poco más. Y no acabo aquí: soy una madre soltera inmigrante que nunca ha dejado de decir y de hacer lo que siempre ha querido hacer y decir. Y tal vez esto sea ya expresarme demasiado.</p>
<p>A propósito del Día de las Madres quiero rendir mi tributo humilde, aunque sea desde las cortas líneas de un sombrero con alas muy anchas. Primero, por supuesto, a mi madre y a mi abuela, porque gracias a ellas he podido ser, citando a Pablo Milanés: <em>“como quisieron ser, pero tratando de ser yo”</em>. Pero sobre todo, quiero escribir por esas mujeres solas con hijos, que están ahora esparcidas por el mundo, en cualquier lugar que no es su patria, luchando por salir adelante, sin un hombre al lado. A veces, sin familia al lado, y muchas veces, sin un sistema al lado que las ampare. Por todas esas mujeres que no tienen voz, aunque les sobre el voto.</p>
<p>Hace un tiempo Ahmel Echevarría me pidió que escribiera sobre la masacre ocurrida en la Elementary School Sandy Hook, en Estados Unidos. No supe qué contestarle, fue una tragedia que me conmovió y me deprimió profundamente. Tengo una hija estudiando en una Elementary; la masacre de Sandy Hook me tocó muy de cerca. Como casi siempre ocurre en estos casos, a uno le cuesta escribir, racionalmente, sobre algo que le afecte en lo personal.</p>
<p>Pareciera que no hay concatenación en nada de lo que he dicho hasta aquí. Ocurre que va mucho más allá del hecho de que pueda pronunciarme a favor del control de las armas. Como madre, aprehendí en lo personal una triste realidad con lo sucedido en Sandy Hook. Da igual el tranquilo pueblo en el que vivas, la familia perfecta que tengas, e incluso el tamaño de tu cuenta bancaria. La desgracia le puede tocar a cualquiera.</p>
<p>Mucho de lo que ocurrió en ese aciago día en Connecticut, tuvo que ver con la falta de amor, de comprensión, de tolerancia. Por eso es que nunca serán suficientes las veces que podamos decirles a nuestros hijos cuánto los amamos; y así, de paso, enseñarle los mejores valores del mundo, que no son los mismos para todos, es cierto. Es posible que esa madre que está delante de mí en su auto, en la fila que hago a diario para recoger a Carolina en la escuela, no tenga los mismos principios morales que yo llevo conmigo. Para mí, por ejemplo, la palabra dada es vital. Para ella, a lo mejor, la felicidad de su hija simplemente radique en ser una esposa obediente. Pero todo lo que implique bondad es válido. Esas enseñanzas son las que cuentan para en el futuro, tener hijos sanos de mente y de cuerpo, y no fracasados inconformes. Lo verdaderamente importante es que cada quien sea quien desee ser. Por ello a mí me gusta tanto que mi hija me vea con mis sombreros. Carolina debe saber siempre que, en su caso, podrá siempre cubrir y descubrir su cabeza con lo que más le guste, y que siempre tendrá mi amor incondicional. Por encima de cualquier hábito, que a fin de cuentas, no son estos lo que hacen al monje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Foto: Enviada por la autora</strong></p>
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		<title>¿Qué escribir?/¿Qué leer? (introducción a la escritura de Rebeca Murga)</title>
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		<pubDate>Sun, 12 May 2013 19:50:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>A. Negrín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[El Esclavo y la palabra]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Labrador Ruiz]]></category>
		<category><![CDATA[escritores cubanos]]></category>
		<category><![CDATA[Historias al margen]]></category>
		<category><![CDATA[literatura cubana]]></category>
		<category><![CDATA[literatura cubana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[Rebeca Murga]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: A. Negrín Ruiz Escribir es fácil. Cosa de tomar un lápiz, un bolígrafo, o similar y borronear letras sobre el papel. Decidir qué escribir es fácil. Basta desear leer algo nunca antes escrito. A eso deberíamos dedicarnos, a rellenar lagunas literarias. Porque escribir sobre lo ya escrito es lo difícil. Superar lo antes dicho. Y si aquello ya escrito se inscribe, por ejemplo, dentro de cierta tendencia literaria que alguien decidió clasificar como “negra”, la cosa se complica aún más. Podría entenderse entonces como…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/REbeca-Murga-copia.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-4115" title="REbeca Murga copia" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/REbeca-Murga-copia.jpg" alt="" width="229" height="300" /></a></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Por: A. Negrín Ruiz</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Escribir es fácil. Cosa de tomar un lápiz, un bolígrafo, o similar y borronear letras sobre el papel.</p>
<p>Decidir qué escribir es fácil. Basta desear leer algo nunca antes escrito. A eso deberíamos dedicarnos, a rellenar lagunas literarias. Porque escribir sobre lo ya escrito es lo difícil. Superar lo antes dicho.</p>
<p>Y si aquello ya escrito se inscribe, por ejemplo, dentro de cierta tendencia literaria que alguien decidió clasificar como “negra”, la cosa se complica aún más.</p>
<p>Podría entenderse entonces como un acto de valentía atreverse a volver sobre los mismos tópicos que mentes tan atolondradas como la del viejo Poe trabajaron; hoy, a cientos de años de aquellas obras, y apostar aún por la sorpresa o el sobrecogimiento del lector.</p>
<p>Y es, precisamente, sorpresa y sobrecogimiento lo que causa en mí, lectora, la escritura de Rebeca. Emociones que se toman de la mano en títulos tan atractivos como <em>El esclavo y la palabra </em>e <em>Historias al margen</em>; ambos incluidos dentro del catálogo de la Editorial Capiro para este año.</p>
<p>La sorpresa, en mi caso, se debe más que todo a la conjunción de los mismos tópicos que desde Poe manejan los cultores del género negro, para formar textos tan distintos: una novela periodística y un relato que sorprenderán y sobrecogerán a un tiempo, para venir a confirmar mi tesis: No se trata de un qué se escribe, sino de un quién escribe.</p>
<p>Y quien escribe es Rebeca. Y lo hace desde su casa, en la misma cúspide de la loma del Carmen, donde cada vez que voy a verla me recibe con un té pakistaní que no admite el rechazo. Lo compró en un mercado de Granada, cuando estuvo en España. Eso me dijo.</p>
<p>Por eso digo que la escritura de Rebeca es color té pakistaní: oscura, aunque no llega a ser negra; porque más que un crimen lo que nos propone en la revelación de un secreto.</p>
<p>Ese secreto casi siempre corresponde a una vida. Da igual si real, como la de Labrador Ruiz, que aborda en <em>El Esclavo y la palabra</em>, o ficticia, como la de los personajes de sus <em>Historias al margen. </em>Aunque no podamos hablar de razas puras cuando se trata de las vidas que Rebeca compone. Como mismo no lo podemos hacer respecto a su escritura. Porque está claro que todo esto se trata de la escritura de Rebeca, ¿no es así?</p>
<p>Desde su discurso percibimos las cosas como demasiado expuestas al calor. Y es precisamente esa ralentización de las acciones lo que nos alerta sobre la intención de la autora de no solamente contar un suceso que, como mismo ocurre con las noticias, nos sorprenda y luego se nos olvide. De ahí el sobrecogimiento que causan sus historias, tras las cuales hay algo más, tiene que haberlo.</p>
<p><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/historias-al-margen.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4116" title="historias al margen" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/historias-al-margen-202x300.jpg" alt="" width="202" height="300" /></a></p>
<p>Algo como una lluvia de meteoros imposible de evitar.</p>
<p>Algo como cierta oscura verdad, color té pakistaní, que amenaza derramarse sobre el papel.</p>
<p>Por eso vuelvo a Rebeca. A su casa, a su té y a sus historias. Novelas periodísticas, cuentos, relatos, no importa. Porque sea de lo que sea que Rebeca escriba, siempre funcionan como esos carteles de No Me Leas que uno se apresta sin pensarlo a leer.</p>
<p>Y créanme, leer es fácil.</p>
<p>Más si se trata de textos como estos, en los que plagio y venganza cobran cuerpo y nos enfrentan. La acusación de plagio que tuvo que padecer Labrador Ruiz en vida, cuando en realidad él era el plagiado. La venganza de una mujer contra la vida, su vida, y contra el amor, su amor. Ambos definibles como incesante lucha de contrarios.</p>
<p>“Por mucho tiempo, el mundo para mí estuvo en los libros” —dice Labrador Ruiz a través de Rebeca. Y le creo. Rebeca raras veces desciende de la Loma del Carmen. Contrario a eso, Rebeca es capaz de narrar con precisión cada detalle de la existencia humana. Hasta dónde puede llegar un corazón envidioso y hasta dónde un corazón enamorado. Cuál es el móvil y cuál el medio eficaz para conseguir su propósito: hacerse con la gloria de una figura un tanto silenciada, como la de ese grande de las letras cubanas que fue Labrador Ruiz; o hacer pagar a un hombre por lo que no fue, con la muerte acechando desde un bombón cubierto de chocolate.</p>
<p>Y es que en el chocolate puede ocultarse el mejor de los venenos.</p>
<p>Y es que la envidia puede resultar el mejor de los venenos.</p>
<p>Rebeca nos ofrece hoy un bombón de envidia.</p>
<p>Es lógico que al comerlo nos sintamos enfermos, las mentes separadas de los cuerpos. Pero después, al recordar su sabor, la mezcla oscura adherida al paladar, nos sentiremos, sin duda, complacidos.</p>
<p>Más si ese bombón se hace acompañar de una buena taza de té pakistaní al estilo Rebeca.</p>
<p>Pensándolo bien, se va haciendo tiempo ya de subir La Loma del Carmen.</p>
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		<title>Lecturas de Patmos, desde esta orilla (in)definida</title>
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		<pubDate>Thu, 09 May 2013 17:14:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hugo Fabel Zamora López</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Eduard Encina]]></category>
		<category><![CDATA[escritores cubanos]]></category>
		<category><![CDATA[Lecturas de Patmos]]></category>
		<category><![CDATA[literatura cubana]]></category>
		<category><![CDATA[literatura cubana contemporánea]]></category>
		<category><![CDATA[poesía cubana]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/zdzislaw_beksinski_009.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4108" title="zdzislaw_beksinski_009" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/zdzislaw_beksinski_009-290x300.jpg" alt="" width="290" height="300" /></a></p>
<p><strong>Por: Hugo Fabel Zamora López</strong></p>
<p>Cuenta la tradición que San Juan Evangelista, luego de haber salido incólume de la espantosa prueba del aceite hirviente que sufriera por órdenes del emperador Domiciano, dada su influencia en la propagación de la creencia de un nuevo reino de Jesús de Nazaret, fue desterrado a la árida, agreste y volcánica isla de Patmos, donde el Apóstol tuviera las visiones del Apocalipsis, revelaciones de múltiples lecturas según las distintas escuelas: Preterista, Idealista, Futurista e Historicista. En esa coyuntura de crisis en que los emperadores romanos implementaban mecanismos de coerción mediante la idolatría a sus estatuas, surge la palabra revelada y escrita, como manto sobre las gélidas carnes de los fieles, a quienes se ofrecía como panacea de sus penurias la salvación en la fe.</p>
<p>Ha sido el Apocalipsis y sus variadas connotaciones e implicaciones motivo artístico a lo largo de la historia. El pintor polaco Zdzislaw Beksinski y los escritores hispanoamericanos Rubén Darío, Pablo Neruda y Roberto Bolaño, figuran entre los que se han valido de ese imaginario para también esbozar ideas relativas a su tiempo. A esa prosapia se incorpora Eduard Encina (Baire, 1973), quien ofrece sus <em>Lecturas de Patmos</em> (Editorial Oriente, 2011) remedando la intención litúrgica del texto bíblico, en franca extrapolación de los signos premonitorios y catastrofistas de finales del siglo I o principios del siglo II hacia nuestro ámbito y tiempo, con la certeza de que <em>escribir desde Patmos indefine las orillas.</em></p>
<p><em><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/eduard-encina-1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-4110" title="ACER" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/eduard-encina-1.jpg" alt="" width="250" height="268" /></a><br />
</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Asistimos entonces a una circunstancia signada por la inquietud, el desasosiego, la incredulidad, porque <em>nadie quiere creerse el tiempo de las revelaciones</em>; en un primer momento de manera más etérea, para luego asentarse en lo contemporáneo e inmediato: <em>el caballo rojo que se levantaba sobre la hierba</em> anticipando que <em>Santiago se va a hundir como una profecía </em>aunque <em>Fallujah está todavía un poco lejos. </em>En estas piezas introductorias comienza a posicionarse un temor que cimbrará a lo largo del poemario, un temor que <em>nadie lo trae,</em> habita al interior, así como el norte, que <em>está dentro y flota junto a la estrella inamovible. </em>De tal forma,<em> </em>el sujeto lírico se sitúa en el centro, regentea su destino más allá de balances y estridencias de la revelación, todo para no perder en medio de los derrumbes el significado, el sentido-viático de tránsito, la salvación.</p>
<p>Es apreciable asimismo un desapego con relación a la historia, en abierta concomitancia con la heterodoxia ideoestética que emergiera con fuerza en la segunda mitad de la década de los 80 del siglo pasado en nuestro país. En contraposición se yergue la casa, espacio idílico, epicentro de los temores que fluyen bajo los cimientos; la casa como profundidad, sitio del equilibrio, como poema, la casa como vida inaprensible. Se percibe igualmente la voluntad de salvarse como individuo, el Otro siempre asoma cual paria que desoye, que descree, aunque el poeta se cierna sobre él con cierta condescendencia, con una ternura antropológica, exótica; seres de parque, de cerveza, de barrios, de congas cuando aparecen nominalizados adquieren una cercanía que resulta familiar.</p>
<p>La inminencia del fin, la aún más aguda soledad por cuanto <em>la voz del arpista y los t</em><em>ro</em><em>mpete</em><em>ro</em><em>s </em>desgañitan con sordina, condicionan un ritmo desbocado, un encabalgamiento vertiginoso, feroz, patológico, que contiene en sí la urgencia, el tránsito, la paranoia de los límites. Así, nos vemos arrastrados hacia el ojo abisal de la revelación con la (in)certidumbre de saber al poeta navegar por encima con su arca, en espera de que las aguas se asienten sobre los restos que ha dejado la ira sobre el escepticismo, la abulia, la indolencia.</p>
<p>En la segunda sección del cuaderno persiste esa sensación de alud inminente con sutilísimos picos de tensión sujeto-divinidad, reafirmándose la certeza de la visión en lo trascendente. Inicialmente, los textos encabezados por los nombres de las siete iglesias que reciben el mensaje del cordero van de la reiteración de la pujanza profética hasta la persuasión sobre la posibilidad de dar con el haz reivindicador, recontextualizado por momentos en matices identitarios: <em>Camino a Jerusalén el marabú se hace más intenso</em>…, <em>el mediodía de Éfeso que parte las montañas el zunzún…, el ruido esencial del machete aclarando el día.</em></p>
<p>A los textos de aliento bíblico (que a mi juicio debían formar parte de un mismo cuerpo en la distribución dentro del conjunto) le siguen situaciones más bien anecdóticas, reales o alucinadas; tanteos, dudas, desencuentros, diálogo con el ser superior, todo ello tamizado por ese temor que permea de punta a cabo las páginas de las <em>Lecturas</em>&#8230;</p>
<p><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/lecturas-de-patmos.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4109" title="lecturas de patmos" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/lecturas-de-patmos-190x300.jpg" alt="" width="190" height="300" /></a></p>
<p>No obstante surge una intuición más intensa del hallazgo, así como la fe en <em>aquello que nos parece imposible y sabes que es posible en la escritura</em>;<em> </em>de modo que temiendo a la tautología pudiéramos afirmar que el fresco presentado va sumando matices, pero definiendo rasgos, acentuando trazos ya esbozados. En este punto los aires contextuales son abiertamente adversos y el poeta dice sentirse <em>más ajeno cuando descub</em><em>ro</em><em> el veneno donde ha crecido mi fe.</em></p>
<p>La reiterada idea de salvación en la escritura alcanza pues su clímax en la última pieza del cuaderno, donde se advierte una significativa resolución en el hecho de que hay un <em>cuerpo al fin por recuperar no en la casta sino en las dicciones que lo entrañan. </em>De tal forma, el poeta, hace coincidir la fe, la salvación en el gesto del escriba, ofreciendo una cosmovisión en la que el señor, la palabra y el destino refulgen como promesa, amén de los derrumbes, sospechas, conmociones&#8230;, porque <em>Dios sabe que la verdad es poesía.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>A lo largo del cuaderno percibimos igualmente una llaneza imbricada en el lenguaje que no deviene gesto sacrílego, ni mera intención efectista, sino conjunción atinada de las antípodas, una combinatoria en la que fondea y flota el hablante en franco intento por asir lo inmediato y lo trascendente. Recomendamos pues estas <em>Lecturas de Patmos</em>: libro consistente, tanto en sus presupuestos temáticos como en su argamasa técnica y lingüística, con el que Eduard Encina hace gala de un oficio y un estilo cuajados; ejemplo feliz de cómo nuestra realidad nos resulta más tangible, y por ende más nuestra, cuando se entronca su suerte con los designios y alumbramientos que sustentan el entramado de la cultura occidental.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Imágenes: Obra de Zdzislaw Beksinski</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Foto tomada de: caracoldeagua-arnoldo.blogspot.com</strong></p>
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		<title>Hay otra fiesta</title>
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		<pubDate>Tue, 07 May 2013 13:42:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eilyn Lombard</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[fiestas de fin de año]]></category>
		<category><![CDATA[fin de año]]></category>
		<category><![CDATA[sociedad cubana]]></category>
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		<description><![CDATA[Por: Eilyn Lombard ¿Hay otra fiesta? O ya no. La fiesta del último día del año se ha ido apagando. Primero se resistió. Casi a oscuras bailó mi padre con sus amigos, la casi susurrante música, luego de haberse aprovisionado de ridículos dulces y bebidas. (Les pidieron abandonar la casa, prohibido reunirse.) A la calle la fiesta, a caminar, ahogando el disgusto con risas, cantos y juventud. Después, sin que se legitimara, la fiesta del último día se fue convirtiendo en celebración del día siguiente.…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/munyeco-en-la-ventana_mm.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4100" title="munyeco en la ventana_mm" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/munyeco-en-la-ventana_mm-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p><strong>Por: Eilyn Lombard</strong></p>
<p>¿Hay otra fiesta? O ya no.</p>
<p>La fiesta del último día del año se ha ido apagando.</p>
<p>Primero se resistió. Casi a oscuras bailó mi padre con sus amigos, la casi susurrante música, luego de haberse aprovisionado de ridículos dulces y bebidas. (Les pidieron abandonar la casa, prohibido reunirse.) A la calle la fiesta, a caminar, ahogando el disgusto con risas, cantos y juventud.</p>
<p>Después, sin que se legitimara, la fiesta del último día se fue convirtiendo en celebración del día siguiente. Declinó solemne, y entonces, correspondida. Verdaderamente popular. Celebración para celebrar: promesas, sueños, realidad.</p>
<p>Y fue la crisis. Una vez freímos todos los trozos de carne, hablo de la ciudad, y no eran muchos, no sé de dónde salían, y mi mamá los guardaba en la cazuela de freír, con manteca aún, que no sé de dónde salía. Y comíamos constantemente durante ese día y el siguiente, probablemente a oscuras. Y con frío. Y mi hermano y yo comprábamos en un cafetín para borrachos, unos extraños dulces, como yemas, pero no creo que lo fueran. Casi redondos, aplastados. O rosados o carmelitas. Todo un lujo. Y tomábamos té. Que comprábamos hecho y de hierbas que nunca había oído nombrar. Estábamos tristes y asustados, pero procurábamos reírnos. Recuerdo una noche en que mi hermano me abrazaba, éramos unos niños, y en un tocadiscos ruso oíamos un viejo disco de Dean Reed. Yo me dejaba caer hacia atrás, los ojos cerrados. La gente se reunía, celebraba la última noche y aún el día siguiente de esa noche. A veces venía alguien. Siempre esperábamos el minuto definitivo: abrazos y un poco de agua a la calle. Que se fuera lo malo. A empezar el primer día limpios de miedo, de dolor.</p>
<p>No sé si nos acostumbramos a la crisis, mi padre viajó, yo me gradué, o de verdad empezamos a mejorar. Mi propia fiesta fue dejando de ser doméstica. Comía en familia y salía corriendo a la fiesta de otros que habían hecho lo mismo que yo procurando una fiesta diferente. Música aceptablemente alta entonces y mucho alcohol. Incluso empecé a comer en casa de los amigos, aunque en casa fuera mejor, para alejarme un poco del olor doloroso de la despedida. Vivía intenso, sabiendo que podía acabarse la vida. No importaba dejar todo atrás, sino permanecer en el viaje. Intenso.</p>
<p>Durante mis tres primeros años como madre, continué aceptando invitaciones. Pero antes del las doce de la noche atravesaba la ciudad. Aterrorizada de tanto silencio. La fiesta ya no es prohibida. Se ha anulado. A sí misma. Como si no hubiera qué celebrar. Creo que ya ni hacen los ritos de dar la vuelta a la manzana con una maleta para invocar un (otro: ese) viaje. O ya se fueron todos los que anhelaban aquel (ese) viaje. O perdieron la fe en los rituales.</p>
<p>El año pasado no pude soportarlo. Teníamos invitados. Comí y tomé buenas bebidas. Tragos de añejo con hielo antes de comer y vinos franceses durante la comida. Hubo, como desde hace años, turrones de verdad: jijona, alicante, de yema, de frutas, de chocolate y almendras. Y manzanas. Con el pretexto de acostar a mi hija me fui a dormir temprano. No quería abrazos aguados, ni que me temblaran las heridas ante el dolor ajeno. Tuve miedo y dormí, sin ver cómo acababa.</p>
<p>Esta vez, por un momento, o dos, coqueteé con la idea de que de verdad se acabaría. Y los últimos momentos de Melancolía se me presentaban durante la noche, o mientras caminaba por ahí. Y fui tan feliz los últimos días, agradecida de que no hubiera acabado aún. He hecho, y bien. Pero queda tanto. Así que organicé una fiesta, mínima, pero con todo lo necesario. Toda la tarde tomé mojitos. Y luego puse música. Intenté adentrarme en la recibida desde Sabadell ese mismo día, pero supe que me iban a escocer ciertas llagas, así que opté por rock´n roll, de los sesenta ligeros para mis padres, de  un poco más acá para mí, y mucho de Fito, X Alfonso y hasta Carlos Varela, que oportunamente nos acompañó durante la cena. Pero antes nos disfracé. Ella fue una princesa y el niño un príncipe, claro. Mi papá se esforzó con un payaso, mitad pijama colorida, mitad accesorios disímiles y una nariz roja. Yo fui la lluvia. Los demás, espectadores. Bailé todos los mojitos y la felicidad de Alejandra (que pretendía el baile durara hasta el amanecer). Bailé las ausencias y las cosechas. Bailé la felicidad de mí misma, que supera fiestas y finales. Que es pura lucidez. Pero fui a dormir antes de las doce. Por si acaso.</p>
<p>Al día siguiente supe que todo había sido el mismo silencio. Cada año más apabullante, más temible. Como que si el 2000 era el futuro, ya no estamos en ninguna parte. O estamos congelados. Cada vez menos agua, menos casas repitiendo el gesto heredado en silencio. Y los niños quemaron un muñeco: imagen del fin, pero qué fin. Ropas viejas rellenas de periódicos (nacionales). Cabeza de miedo. Y entre el sueño de la mayoría, las miradas desde algún resquicio y la compañía tímida de sus padres, encendieron fuego. No iban a olvidar remojar bien con luz brillante, me advirtieron. Ardió. Solo. Casi se retorcía. Tétrico, dirían otros al día siguiente, en que sí no recuerdo una pizca de celebración (tampoco esa).</p>
<p>¿Hay otra fiesta? Ceremonia agotadora, farsa de lujo. ¿O ya no? Me temo que es lo mismo. Inconsistencia de rituales, sin fuegos o agua. Apenas la certeza de saberse patinando en el hielo, a despecho de otra fiesta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Foto: Martha Mayra</strong></p>
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		<title>Me gustaría que hiciéramos historias que reflejaran los problemas humanos</title>
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		<pubDate>Sun, 05 May 2013 21:08:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Frank David Frías</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[actores cubanos]]></category>
		<category><![CDATA[cine cubano]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Díaz Torres]]></category>
		<category><![CDATA[Lisanka]]></category>
		<category><![CDATA[Miriel Cejas]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/miriel.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4095" title="miriel" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/miriel-300x150.jpg" alt="" width="300" height="150" /></a></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Por: Frank D. Frías</strong></p>
<p>La primera vez que la vi fue durante una <em>premiére</em>. Yo trabajaba en el ICAIC y ella, acompañada de su madre, intentaba entrar al cine en una tarde donde ocupar una luneta requería de una invitación. Entonces se acercó a mí y me pidió que las entrara. Después de eso hubo otras ocasiones en que le di una mano para burlar los protocolos e irrumpir en la emblemática sala del cine Charles Chaplin. Por mi parte, desconocía que su evidente interés por el séptimo arte iba más allá de hacerse un espacio frente a la pantalla. Quedé un tanto sorprendido luego de unos años al verla protagonista de la película <em>Lisanka</em>. A pesar del poco tiempo que dispone, Miriel Cejas accedió a esta entrevista con una sonrisa y sin pensarlo un instante.  <em> </em></p>
<p><strong>Te graduaste con una obra de teatro, sin embargo, es en el cine donde te has hecho notar, ¿por qué?</strong></p>
<p>En realidad, a pesar de que los dos medios me fascinan, es en el cine donde se me han presentado más oportunidades. Normalmente a los actores nos cuesta trabajo llegar al cine pero en mi caso ha sido lo contrario: el cine llegó a mí muy pronto. Mi primer trabajo como profesional fue <em>Lisanka</em>, la película de Daniel Díaz Torres, y a partir de ahí ya no he parado de hacer cine. Me encantaría hacer teatro porque es un género que desarrolla mucho al actor, te da oportunidades de interpretación que en otro medio no tienes, además, logras un vínculo más intenso con el público, pero no puedo negar que el cine me ha enamorado y deseo hacer mucho más en él. Nuestro trabajo depende de los directores, por eso es que aunque quiera trabajar en uno u otro medio debo esperar a que las propuestas lleguen. Espero entonces a que mi oportunidad en el teatro aparezca.</p>
<p><strong>¿Cuándo vas a un casting llevas alguna estrategia?</strong></p>
<p>En realidad no. Los castings son, digamos, la parte fea de nuestra carrera. Normalmente no te sientes muy a gusto en los castings, así que lo que hago es tratar de no darles más importancia de la que requieren para evitar la ansiedad. Cuando tengo uno, trato de ir preparada y trato de conseguir el papel, pero en cada caso es distinta mi forma de prepararme porque también cada casting es distinto.</p>
<p><strong>¿Qué tipos de personajes prefieres?</strong></p>
<p>Prefiero los que más alejados estén de mi, los que tienen cosas que decir y los que están bien escritos. Los personajes que requieren de búsqueda, de transformación, de desgaste emocional. Esos son los que me gustan.</p>
<p><strong>Según Anthony Hopkins, él lee al menos 250 veces el guión para comprender a fondo su</strong> <strong>personaje ¿Qué rutinas pones en práctica cuando recibes el libreto por primera vez?</strong></p>
<p>Concuerdo con que lo primero es leer muchas veces el guión. Por lo menos a mi me pasa que cuando leo el guión la primera vez lo leo emocionada, de manera veloz y haciendo hincapié en mi personaje. Por supuesto con esta lectura solo logro que la historia me apasione y que mi personaje me motive. Luego cuando lo leo más analíticamente puedo empezar a sacar toda la información necesaria para mi trabajo, para conformar mi personaje. Normalmente me gusta hacer anotaciones en el guión. En estas reflejo lo que voy pensando y sintiendo, los subtextos de mi personaje, los puntos de giro y las transiciones.</p>
<p><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/boletoalparaiso.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4096" title="boletoalparaiso" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/05/boletoalparaiso-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p><strong>Háblame un poco de tu experiencia en los Premios Goya.</strong></p>
<p>Fue una experiencia muy excitante. Los premios Goya con sus celebridades, la alfombra roja, es de por sí bastante llamativa para cualquiera pero el hecho de que nuestra película estuviera ahí compitiendo era lo realmente emocionante. Fue una noche que no olvidaré. Aunque no ganamos me sentí muy feliz de que <em>Boleto al Paraíso</em> haya estado. Creo que era una película que se lo merecía.</p>
<p><strong>¿En qué hemos ganado, y qué nos falta en nuestro cine?</strong></p>
<p>Creo que hemos ganado en dejar paso a la nueva generación de jóvenes actores. En cuanto a lo que nos falta, creo que, efectivamente, falta mucho aún por lograr. Pero hay gente competente  y comprometida con eso: se logrará. A mí en lo personal me gustaría que hiciéramos historias más universales, que nos preocupáramos por reflejar más los problemas humanos que los sociales y que los guiones toquen temas de mayor profundidad psicológica.</p>
<p><strong>¿Has sido subestimada en lo intelectual debido a tu físico?</strong></p>
<p>Gracias por el halago. No, por lo menos nunca me ha parecido.</p>
<p><strong>¿En qué proyecto trabajas actualmente?</strong></p>
<p>En estos momentos estoy leyendo el guión de una película mexicana que se filmará para finales de año, ya el director me facilitó el texto para ir estudiando.</p>
<p><strong>¿Hay algún personaje que te gustaría interpretar?</strong></p>
<p>Bueno me gustan muchos. De manera general lo que te dije, que sean complicados a nivel personológico y emocional. En especial hay uno que me obsesiona, es el de un travestí. Me gustaría hacer ese personaje porque creo que si logro que el público crea que el travestí que ve está siendo interpretado por un actor y no por una actriz habré hecho una interpretación en donde he debido conformar dos personajes al mismo tiempo, el del hombre y el del travesti. Eso sería genial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Fotos tomadas de: boletoalparaiso.com</strong></p>
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		<title>Aikido</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Apr 2013 18:29:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ahmel Echevarría</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ahmel Echevarría]]></category>
		<category><![CDATA[Becas Dador 2013]]></category>
		<category><![CDATA[Caballo con arzones]]></category>
		<category><![CDATA[escritores cubanos]]></category>
		<category><![CDATA[literatura cubana]]></category>
		<category><![CDATA[literatura cubana contemporánea]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: Ahmel Echevarría 1. Sobre la búsqueda de la armonización en las situaciones de conflicto En una entrevista le pregunté al escritor Rafael de Águila de qué hablábamos cuando hablábamos de literatura cubana. Casi al final le escuché decir: “Klopstock, un escritor alemán del siglo XVIII, soñó con una hermandad de escritores, algo así como un falansterio, ojalá ese falansterio lo fundemos los cubanos, un sueño, como sabes, una mera utopía, pero el mundo no es deseable sin ellas.” Rafael se refería a Friedrich Gottlieb…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/04/aikido-4.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-4069" title="aikido 4" src="http://vercuba.com/wp-content/uploads/2013/04/aikido-4-300x187.jpg" alt="" width="300" height="187" /></a></p>
<p><strong>Por: Ahmel  Echevarría</strong></p>
<p><strong>1. Sobre la búsqueda de la armonización en las situaciones de conflicto</strong></p>
<p>En una entrevista le pregunté al escritor Rafael de Águila de qué hablábamos cuando hablábamos de literatura cubana. Casi al final le escuché decir: “Klopstock, un escritor alemán del siglo XVIII, soñó con una hermandad de escritores, algo así como un falansterio, ojalá ese falansterio lo fundemos los cubanos, un sueño, como sabes, una mera utopía, pero el mundo no es deseable sin ellas.”</p>
<p>Rafael se refería a Friedrich Gottlieb Klopstock mientras yo trataba de imaginar si era posible esa comunidad de afectos e intereses en nuestro breve y tórrido archipiélago. En la noche intenté repetir el ejercicio. Es muy sencillo: basta cerrar los ojos y hacer memoria. Entre las paredes de mi cabeza estallaron nombres y comentarios que he escuchado sobre esos nombres. Una reacción en cadena. Como atravesar un campo minado. El enemigo rumor. Y me encojo de hombros ante tal panorama. ¿Acaso no es posible la armonía? Literatura no es amistad, no es falansterio. O no lo es en la mayoría de los casos.</p>
<p>Tengo la suerte de haber conocido a Rafael. Digamos que el verdadero encuentro tuvo lugar en Bolivia, al parecer hay una fuerte conexión entre Bolivia y las utopías —les confieso que cruzo los dedos por él y por mí.</p>
<p>A pesar del panorama me resisto a creer en la total imposibilidad de la empresa. Es arduo, a veces la diplomacia no alcanza y la palabra de orden es desconfiar. Quizá solo así no corres el riesgo de que te pasen pollo por pescado y acabe, de manera trágica, un intento de comunidad de afectos e intereses. Pero ha valido la espera, la paciencia. Entre los ganadores y jurados de las Becas Dador y Pinos Nuevos 2013 está la confirmación.</p>
<p><strong>2. Sentir, situarse, conf</strong><strong>ro</strong><strong>ntarse</strong></p>
<p>Es la literatura el placer de la zozobra, lo dije con total convencimiento hace ya un par de años en esta misma sala: placer y zozobra tanto para el lector como para el escritor. Apenas ha variado mi definición de Literatura, casi no ha cambiado la manera en que veo al escritor, al lector —al verdadero escritor, a esos lectores de puro fierro—. El deseo es el combustible que los mueve y no dudarían consumir toda o casi toda la reserva en el camino, o en el viaje, a fin de cuentas leer o escribir un libro es aventurarse en terrenos insospechados —al menos así debería ocurrir—. Y cuando te enrolas en una travesía terminas transformado —al menos así debería ocurrir, de lo contrario no tiene sentido dar el primer paso.</p>
<p>Dijo Cortázar: “Tenemos que pensar, lo que se llama pensar, es decir, sentir, situarse y confrontarse antes de permitir el paso de la más pequeña oración principal o subordinada”.</p>
<p>El jurado de la Beca de Creación Dador, presidido por Soleida Ríos, e integrado además por David Leyva, Yerandy Fleites, Legna Rodríguez y Sergio Cevedo, después de analizar los 81 proyectos presentados, decidió apostar por las siguientes obras: “Desplazamiento al margen” (poesía), de Caridad Atencio; “Lunes de Revolución y el teatro cubano (1959-1961)” (ensayo), de Martha Luisa Hernández; “El mar de los tiburones locos” (literatura para niños y jóvenes), de Randoll Machado; “Habana 1888” (teatro), de Roberto Viña Martín, y “Caballo con arzones” (narrativa), de Ahmel Echevarría.</p>
<p>Por solo una parte del todo el jurado nos eligió. Es una inversión a riesgo, o un trabajo de prospección: analizar y decidirse por un terreno del cual podrían sacarse luego grandes dividendos. O no. Tiempo, trabajo, espera. Tanto la elección del jurado como el proceso creativo de los autores es un ejercicio de pensamiento, de sentir, situarse, confrontarse.</p>
<p>Pensar es crear. Crear es resistir.</p>
<p><strong>3. Tratamiento de choque</strong></p>
<p>En su última visita a La Habana, bajo el sol del mediodía, Sergio Pitol me dijo: “Un tratamiento de choque puede lograr resultados inmejorables. Estimula fibras que languidecían, rescata energías que estaban a punto de perderse. A veces es divertido provocarse. Claro, sin abusar; jamás me encarnizo en los reproches; alterno con cuidado la severidad con el ditirambo. En vez de ensañarme contra mis limitaciones he aprendido a contemplarlas con condescendencia y aún con cierta complicidad. De ese juego nace mi escritura; al menos así me lo parece.” No he olvidado sus palabras, tampoco las palmadas en mi hombro antes de despedirse, porque leer su libro <em>El viaje</em> fue como trenzarnos en un diálogo.</p>
<p>No me ha ido tan mal con los sucesivos tratamientos de choque que me he recetado, tampoco con la severidad y el ditirambo, porque mi intención es viajar hacia el interior del hombre común y hurgar allí para develar sus inquietudes o las mías, palpar el dolor, el miedo, conocer sus raptos de odio o los míos, definir o intentar definir eso que llaman amor y felicidad; viajar hacia el hombre y ver su entorno (que podría ser el tuyo, el mío), ver las relaciones de poder en las que está inmerso (si es subyugado o si ejerce tiranías en el entorno privado —¿qué nos hace semejantes o qué tan diferentes somos?). Desde mis carencias trato de verme en “el otro”, intento saber cómo me ve “el otro” —en esta sala, hace dos años, dije algo similar, recuerden que no ha variado mucho mi definición de Literatura—, en ese loco afán de crear un pequeño falansterio me pregunto qué estoy dispuestos a hacer por “el otro” o por mí, incluso trato de encontrar una respuesta acerca de qué es el bien, desde cuál agenciamiento quiero el bien para “el otro”. Es que trato de sentir, de situarme, confrontarme antes de permitir el paso de la más pequeña oración principal o subordinada, es decir, trato de pensar. Pensar es crear, crear es resistir.</p>
<p><strong>4. Aikido</strong></p>
<p>Tal parece que Literatura no es amistad, no es falansterio. Me resisto a creerlo, entre los ganadores y jurados de las Becas Dador y Pinos Nuevos 2013 está la confirmación, en el público algunos nombres también son la confirmación —otros no están de cuerpo presente, prefieren mantener ciertas distancias—. Es fuerte el enemigo rumor, como un potente bilongo, un devastador fukú. De vez en cuando cruzo los dedos no solo en beneficio de Rafael y el mío.</p>
<p>Rapidez, movimientos precisos, capacidad de decisión es, a modo de resumen, el aikido; tal parece la reducción de las seis características que, según Italo Calvino, debía tener la literatura en este milenio.</p>
<p>Sentir, situarse, confrontarse. Utilizar a tu favor la fuerza del contrario. En la literatura, como el aikido, es importante pensar.</p>
<p>Pensar es crear. Crear es resistir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>* <strong>Palabras leídas en la ceremonia de entrega de las Becas Dador 2013</strong></p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Foto tomada de: pequeniosuniversos.worpress.com</strong></p>
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